BASURA: ETERNO PROBLEMA (2018)

Por Wálter Guzmán Granados

walterggg@ice.co.cr

Desde que tengo memoria, la basura ha sido un problema en nuestro país, basta con recordar los hechos acontecidos con el relleno sanitario o basureros de Río Azul, La Uruca, Aserrí, Puntarenas y muchos otros lugares que han sido protagonistas en esta novela sin fin.

Todos botamos lo que ya no ocupamos o suponemos que no necesitaremos más y no importa la razón; es el asunto es que todos generamos basura; pero, la verdad, es que nadie la quiere, todos buscamos dónde botarla, dónde ponerla, pero que sea lejos de la casa, del negocio o de la oficina.  Entre más lejos mejor: menos moscas y olores.

Efectivamente, dónde depositar los desechos sólidos que los costarricenses generamos siempre ha sido un problema, ningún cantón ha querido recibir la basura de otros y pare lógico. Entonces, se debería aplicar aquella máxima de que cada pueblo reciba sus desechos y sea responsable de procesarlos. Pero bueno, esto no lo veo posible, no me imagino un basurero en cada uno de los 82 cantones del país. Por ello, algunos de estos tendrán que recibir la basura de los otros y procesarla; sino, recordemos, ¿cuántos años recibió La Unión la basura del área metropolitana? Nos guste o no, siempre se dará esta condición.

Sin embargo, el tema que quiero comentar y que realmente me llama la atención; por ende, me preocupa, es el hecho de que en el cantón y allende de sus fronteras, se observan destruidas las bolsas plásticas que contienen desechos y estos esparcidos a su alrededor. Esta situación también se aprecia en los basureros, pareciera que sacan los desechos y los tiran por todo lado. En verdad, no sé qué pasa, pero en todo lado se observan las bolsas plásticas rotas, dando la impresión de que alguien adrede hizo “fiesta” con lo que estas contenían. Y digo alguien, pues no me parece que estas travesuras hayan sido ejecutadas por algún animal; por ejemplo, perros.

Ahora bien, me pregunto, no será posible que la Municipalidad o la Guardia Civil, por medio de las cámaras de vigilancia que se mantienen en varios lugares del cantón o bien, con la ayuda de las que se tienen instaladas en el comercio, ubicar a los responsables de hacer estos actos indebidos y obligarlos a recogerla e incluso, imponerles alguna multa de trabajo comunal para que limpien las calles, las aceras y los caños del cantón.

En ese sentido, analizar la posibilidad de que estos se conviertan en colaboradores de los empleados que mantiene la Municipalidad en estas labores y que están barriendo más allá de lo que realmente se acumula en las aceras y los caños, pues ellos son los responsables en última instancia, de recoger estos residuos que han sido extraídos de las bolsas o los basureros y tirados por doquier.

Realmente, es lamentable ver la cantidad de basura que se acumula en las aceras y los caños producto de estas travesuras de personas sin escrúpulos y sin conciencia de las consecuencias que conllevan su actitud; pues como dije antes, no creo que sean actos de animales.  Más bien, me da la impresión de que podrían ser personas que buscan basura útil para reciclar, pero con la mala costumbre de no cuidar y no pensar en el daño que hacen con su labor.

El que las personas busquen en la basura una manera de llevar sustento a su hogar no lo estoy cuestionando con mis comentarios; pues también desde que tengo memoria, he visto esta labor como una fuente de sobrevivencia para muchos; sino, que lo diga doña Única Oconitrillo y don Momboñombo Moñagallo. Aunque debo aclarar, no es de mi agrado ver a un ser humano escudriñar en las bolsas o los basureros para ver si encuentran esperanzas o alcanzan sueños.

Finalmente, les comento que a veces me pregunto, si no será posible pedirle, a las personas indigentes que deambulan por el parque de Tres Ríos y otros lugares, su colaboración para mantener el aseo del parque, de nuestras aceras y caños, a cambio de los emparedados y el café que muy amablemente algunas personas e instituciones les brindan sin costo alguno. Yo lo veo como un simple trueque; ellos voluntariamente ayudan a embellecer el cantón y de paso, sienten orgullo al ver que lo que se comen, no fue gratis. Incluso, porque no creer que estas personas vean esta actitud de solidaridad como un chance para salir de esa condición y tal vez, pensar en mañanas diferentes al verse útiles a la sociedad.

Leonardo Jiménez Campos

Periodista, Asesor en Comunicación Política

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