ASÍ ESCRIBÍAN LOS PILARICOS DE INICIOS DEL SIGLO XX Eustaquio Céspedes Mora

Periódico EL CÓNDOR Tres Ríos, enero 15 de 1914

El Centenario de Mora Por: Eustaquio Céspedes M.

Las comisiones activan y preparan los festejos con que ha de celebrarse el centenario del nacimiento de un ilustre varón, de un verdadero patriota.

Grandes y pequeños se preparan para conmemorarlo con gran pompa. En todo hierve la sangre de santo patriotismo que el amor patrio hace bullir. Y allá en humilde choza un venerable anciano en cuyos carrillos se deslizan amargas lágrimas dice: «yo lo conocí». Como rejuvenecido por sus tiempos heróicos se endereza y repite: «yo lo conocí». Ahora toma su semblante un aire enérgico, brillan sus ojos, se coloran sus mejillas; en su delirio cree ver al viejo patriota y aún retumban en sus oídos las palabras de Mora, llamando, llamando a sus conciudadanos.

Con la bandera tricolor en una mano, cobijando con sus flameantes pliegues la imagen sagrada de la patria; y en la otra la espada lista amenazando hacer retroceder todo mal.

Redoblan los tambores, anuncian la partida, los clarines y Mora se pone en marcha frente a su tropa, porque él es el jefe de la Nación y no puede ver, impávido, la desgracia de nuestra hermana Nicaragua. Comprende el peligro pero no lo teme, antes prefiere la muerte que ver pisoteada la soberanía centroamericana.

Ahora el anciano toma un aire enérgico; sus manos se agitan nerviosas; ahí es que recuerda el asalto en Santa Rosa… Ahora se alegra han vencido los costarricenses. Serénase es que prosiguen tranquilos su marcha… han llegado a Rivas.

En su rostro se esfuman sombras de tristeza; de pronto levanta la vista; su rostro se ilumina. ¿Qué es?, ¡oh! es Santamaría que incendia el mesón. Por sobre las llamas aparece la imagen de la patria bendiciendo con amor a sus hijos nobles y valientes, mientras que con un gesto de dolor, de profunda amargura besa a los que han caído llenos de gloria cubriéndolos con un jirón tricolor.

¡Cuánto te envidio y admiro, oh venerable anciano! Dichoso tú que vivisteis en esos tiempos gloriosos, cuando en el pecho de todos los costarricenses se albergaba el patriotismo.

¡Dichoso tú, oh anciano, conocistes presidentes de la talla de Mora, patriotas abnegados. Dichoso tú, que fuiste compañero de ese glorioso Mora que prefirió morir antes que aceptar auxilios mercenarios.

¡Oh tiempos!… Antaño eran presidentes por el bien de la patria: la sinceridad y el patriotismo, amplio albergue en los corazones tenía. Hogano aquellos que llevan en su corazón sanos sentimientos son despreciados por los que se creen de noble cuna.

Aquellos presidentes estaban listos a defender la Patria y de ser presidentes no la habrían traicionado.

¿Qué tristeza? ¿Y pensar que ahora se burla la voluntad popular para imponer personas rechazadas en general por el pueblo? Que también visten la democrática chaqueta y representan la farsa por varios años. Y cuando el pueblo más tranquilo y satisfecho está le dan la patada arrojando la máscara.

¡Oh noble anciano, tú fuiste dichoso al vivir en esos tiempos! Empuñaste la espada para arrojar a los aventureros, no pensando ni por un momento que la Patria tan querida y tan caramente salvada, se vería años más tarde invadida por otros mercenarios peores que aquéllos, pues estos no tienen patria, y aunque son hijos de este suelo querido no tienen más lema que el estrecho y ruin sendero que marca la ambición de tristes fines.

¡Oh Mora; ojalá que al celebrar tu centenario, tu espíritu ilumine la juventud costarricense impregnándola de santo patriotismo, que la noble alma tuya cobijó para luchar sin descanso hasta ver la patria gloriosa y feliz!

Don. Eustaquio Céspedes Mora con sus hijas Alicia Betty, Matilde, Estela y María Cecilia Céspedes Vargas junto a su esposa Oliva Vargas Lizano (Colaboró Norman Aguilar Mora)

Recopiló: Leonardo Jiménez Campos

One thought on “ASÍ ESCRIBÍAN LOS PILARICOS DE INICIOS DEL SIGLO XX Eustaquio Céspedes Mora

  1. Exquisita pluma de don Eustaquio, a quien tuve el gusto de conocer cuando fui un niño de escuela.
    Don Eustaquio y su familia migraron a San José, lo que no le impidió visitar a sus familiares los fines de semana durante muchos años.
    De sus hijas, solo Maria Cecilia nos acompaña con sus casi 100 años.
    Agradezco la colaboración del Lic. Sergio Francisco Solano Céspedes quien nos facilitó tan valiosa información.

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