
- Investigación de la UCR analizó el sitio C-343 TR, utilizado entre el 800 y 1640 d.C., revelando distinciones sociales y una excepcional muestra de maíz carbonizado.*
• Estudio de tesis aplica por primera vez en el país el enfoque de la Arqueología Social para interpretar los restos de 95 personas y sus ofrendas.
Un análisis pionero de las prácticas funerarias en el cementerio indígena Tres Ríos (C-343 TR), ubicado en La Unión de Cartago, revela cómo se reflejaba la complejidad social de los grupos cacicales que habitaron el Valle Central entre los años 800 y 1640 d.C., incluso durante los primeros años del contacto con los españoles. La investigación, realizada por el antropólogo Julio César Sánchez Herrera para optar por el grado de Licenciatura en Arqueología en la Universidad de Costa Rica (UCR), se basa en el estudio integral de los materiales recuperados en un rescate arqueológico efectuado por el Museo Nacional de Costa Rica (MNCR) en el 2010.

El sitio, un área funeraria de la fase Cartago, destaca por su excelente estado de conservación. Las excavaciones revelaron 34 sepulturas (tumbas de cajón construidas con lajas y cantos rodados) que albergaron los restos de al menos 95 individuos. El ajuar funerario recuperado incluye 115 artefactos cerámicos, 36 herramientas líticas, tres colgantes (uno de oro y dos de jade o piedra verde) y, de manera excepcional, 250 mazorcas de maíz carbonizadas, la muestra más grande de su tipo registrada en un contexto funerario en el país.

La tesis, titulada *»Prácticas funerarias en un cementerio de la fase Cartago: El caso del Monumento Tres Ríos (C-343 TR), 800-1640 d.C.; La Unión, Cartago»*, se distingue por utilizar el marco teórico de la Arqueología Social Latinoamericana. Este enfoque, basado en el materialismo histórico, permite interpretar la cultura material no solo como objetos, sino como productos de relaciones sociales y procesos de trabajo específicos.
«El entierro es un depósito de trabajo socialmente necesario. Las diferencias en la inversión de trabajo para construir las tumbas y en el valor social de los objetos depositados como ofrendas son clave para entender las distinciones sociales dentro de la comunidad que utilizó este espacio», explicó Sánchez, basándose en teóricos como Vicente Lull.
Hallazgos clave: Diferenciación social y organización del espacio

El análisis meticuloso de las sepulturas, su orientación, materiales constructivos y contenido permitió identificar indicadores de diferenciación social:
- Variabilidad en las tumbas: Se encontraron diferencias significativas en el tamaño, la complejidad arquitectónica (presencia o ausencia de tapas, pisos y divisiones internas) y los materiales utilizados en la construcción de las sepulturas.
- Ajuar funerario diferenciado: La investigación clasificó los artefactos cerámicos según su posible función (culinaria, de ofrenda) y uso (único, múltiple, reutilizado). La presencia de cerámica de intercambio procedente de la Gran Nicoya (como los tipos Mora, Papagayo y Altipiano Policromos), junto con objetos de oro y jade, sugiere el acceso diferencial a bienes de prestigio por parte de algunos individuos.
- Organización social del espacio: El cementerio presentaba una sectorización interna, con agrupaciones de tumbas que posiblemente correspondían a linajes o unidades familiares extensas. La disposición de las sepulturas y los materiales entre ellas indica un espacio planificado y de uso colectivo.
- Evidencia del periodo de Contacto: Las dataciones radiométricas sitúan el uso del cementerio hasta alrededor de 1640 d.C., indicando una reutilización del espacio en tiempos poscolombinos, lo que lo convierte en un testimonio material de la pervivencia de las prácticas funerarias indígenas después de la llegada de los europeos.
El maíz como elemento ritual
La cantidad sin precedentes de mazorcas de maíz carbonizadas encontradas dentro de vasijas y asociadas a los entierros abre una ventana a las prácticas rituales. «Estos hallazgos sugieren fuertemente que el maíz desempeñó un papel crucial en los rituales funerarios, posiblemente como ofrenda de alimento para el viaje de los difuntos o como elemento en ceremonias», señaló el investigador.
Un legado que urge proteger
El estudio no solo enriquece el conocimiento sobre las sociedades precolombinas del Valle Central, sino que también subraya la importancia de la conservación del patrimonio arqueológico. El sitio Tres Ríos fue impactado por el desarrollo urbano previo a su rescate, y actualmente existen construcciones modernas sobre parte del área funeraria.
La investigación de Sánchez, aprobada por un tribunal de la Escuela de Antropología de la UCR, se convierte en un referente metodológico al demostrar la potencia del enfoque social para interpretar el pasado, y contribuye a valorar el legado cultural que yace bajo nuestros pies. Los materiales analizados se encuentran bajo la custodia del Departamento de Protección del Patrimonio Cultural del MNCR.
RECOPILÓ: LJC2025 Fotos con fines ilustrativos Leonardo Jiménez Campos