El Rebaño Por: Carlos Mora Coto Periódico El Cóndor Tres Ríos 1914

No sin dolor e indignación se palpa la realidad que encierra la denominación
Rebaño. Siempre el rebaño, los inconcientes que aún permanecen llevando
en su noble cerviz el ya insoportable peso del hampa sibarita.
El pueblo, para ellos, no es más que un medio acomodaticio a todas sus conveniencias; en su seno hacen y deshacen a su antojo; de su hogar que es un santuario de amor y ternura hacen lo que les place: su esposa e hijos sirven de
pábulo a la insaciable lujuria que el ocio despierta y aviva.

En tanto ellos visten con finas sedas y bordados, obtenidos a precios relativamente bajos, el pueblo no hace sino de año en año cambiar sus guiñapos de burda manta por otros a precios cada vez más altos.
El pueblo está hambriento y desnudo. Fuerza es que viva como todos.

ELLOS le llaman rebaño, pero saben que les es indispensable; por eso
cuando de él necesitan algo, lo realzan aparentemente, pero por lo general es
objeto de escarnio y de especulación. Siempre háse visto con desinterés,
rayano en indiferencia, la triste condición en que está sumido el pueblo. Aprovechan su ingenuidad quienes persiguen
baratas popularidades; los que quieren surgir de cierto modo, tornan al pueblo
por un momento pero una vez satisfechos sus deseos le vuelven las espaldas,
marcadas por la vanidad.

¡El pobre «Solitario» está descorazonado! Muchos de los que se levantan de su
seno, tarde o temprano lo desconocen. Explotado de todos, está casi exangüe.
Justo es dar una ojeada a los de arriba y mirar como bajo sus regios fracs se ocultan vicios que constituyen una amenaza para toda noble virtud. ¿Ved
cuántos de los que hoy ostentan su orgullo en medio de una vida cómoda
y aparatosa han nacido miserables herederos de la indigencia?

Por desgracia las ingratas ascienden a gran número. Ya no pocos son los que
de cuna humilde rehúyen el contacto del pueblo cual si fuera un foco degradante
de vicios y maldades. Esa tendencia desastrosa cunde por doquiera; combatámosla tenazmente en provecho humano. Porque cierto es que
los que creen que con el trato del pueblo se vulgarizan, no incurren sino en
una influencia de lesa humanidad. En el período crítico porque atravesamos, el pueblo, los descamisados han sido objeto de la burla sangrienta del Olimpo, de la aristocracia de cartón. Primero se les engañó con oro y con promesas, luego fueron conducidos a la fuerza a guardar las espaldas de unos cuantos funcionarios arbitrarios e hipócritas. La farsa no puede ser más irritante para los que creen vivir en una República.
Ocioso es decir que el día en que el pueblo se canse de tantos vejámenes,
será terrible para el trust de los opresores; porque la voz del pueblo y la ley
de las mayorías son ineluctables. Ese día llegará, esperémoslo intranquilos. Mientras tanto, los que hemos nacido en medio del pueblo coadyuvemos en su defensa con todo nuestro empeño; pongamos sobre su herida reciente, que aún emana sangre un apósito de consuelo que refresque sus ya muertas
esperanzas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *