Rigoberto Vega Alvarado Libro Buena Madera: Los relatos de un sabio guayacán*

«La vida entera es un libro, y don Rigo ha sabido leerla en voz alta».

A sus 93 años, Rigoberto Vega Alvarado extiende sus ramas literarias sobre la tierra que lo vio nacer. Su libro «Buena Madera» no es sólo un compendio de recuerdos, sino el testimonio vivo de un cantón que se niega a olvidar sus raíces.

La memoria es un árbol de profundas raíces. En el caso de Rigoberto «Rigo» Vega Alvarado, ese árbol ha crecido durante 93 primaveras, y ahora da su fruto más preciado: «Buena Madera«, un libro donde las historias familiares se entrelazan con la savia del cantón como las vetas en la madera noble.

Conversamos en una tarde lluviosa de sábado, poco a poco Rigo fue desgranando la esencia de esta obra como quien descorteza lentamente un tronco centenario. «El nombre no es casual -comentó, mientras la luz jugaba con las arrugas de su rostro-. La familia Vega siempre fue de buena madera, de esa que no se quiebra ante los temporales».

La savia de los recuerdos

El libro respira como un bosque vivo. Por sus páginas corren cuatro ríos principales: la escuela que forjó caracteres, la música que endulzó las penas, el deporte que templó voluntades y la familia que lo sostuvo todo.

Don Rigo no escribe sobre lo que leyó, sino sobre lo que vivió, con esa sabiduría de quien ha aprendido a escuchar el latir del pueblo. Cada relato es un anillo más en el tronco de su existencia.

Los cuarenta relatos que componen la obra son como hojas de un mismo árbol: algunas cuentan tormentas superadas, otras hablan de veranos felices, todas comparten la misma savia. «Las dificultades de la vida se combaten con honradez», y en sus palabras late el eco de don Rigo, testigo de casi un siglo de historias.

El Árbol que crece en la sombra

La gestación de «Buena Madera» tiene algo de milagro forestal. Primero fue una semilla plantada a escondidas, una edición artesanal que nació mientras esperaban los permisos oficiales. «Imprimí los libritos en casa -recuerda con una sonrisa que delata orgullo-, y comenzamos a distribuirlos como quien planta árboles a la luz de la luna».

Ahora, ese árbol ha crecido y muestra sus ramas al sol. La edición formal lleva el sello de la persistencia, el mismo que caracteriza a los viejos robles* que han visto pasar generaciones bajo su sombra.

Las raíces y las ramas

Leer «Buena Madera» es pasear por un bosque de memorias donde cada árbol tiene nombre y apellido. Don Rigo no sólo cuenta anécdotas; teje con palabras el abono de donde brotan las identidades. «Es muy guayacano», y en ese adjetivo cabe todo un mundo de pertenencia.

El libro es, en última instancia, un acto de fe en el porvenir. Don Rigo, como un viejo árbol que ha resistido innumerables inviernos, ofrece sus semillas a las nuevas generaciones. Sus relatos son esa buena madera con la que se construyen los futuros, esa que no teme al hacha del olvido porque sabe que, en sus vetas, lleva escrita la historia de todo un pueblo.

Mientras la tarde comenzaba a tejer su manto sobre La Unión, las palabras de Vega flotaban en el aire como semillas de diente de león: «La vida entera es un libro, y don Rigo ha sabido leerla en voz alta». Su «Buena Madera» promete ser ese roble bajo cuya sombra se refugien los pilaricos del mañana.

Adquiera Buena Madera comunicándose a los números telefónicos 8960 8500 Carmen Vega y 6204 7006 Ricardo Vega

*Guayacán: El guayacán es un Árbol nativo de madera preciosa en peligro de extinción, de muy lento crecimiento, de flores azules muy ornamental para aceras y de madera muy dura.

*Roble: El roble es un árbol con una historia y un simbolismo fascinantes que se remontan a miles de años atrás. Este árbol se asocia a menudo con elementos como la fuerza, la longevidad y la resistencia, características que le van como anillo al dedo.

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