Las “Cazadoras”: Los icónicos autobuses de madera que marcaron una época en Costa Rica

  • Un viaje al pasado entre 1921 y 1960, cuando estos coloridos vehículos se convirtieron en el alma del transporte público costarricense

Por: El Observador desde Los Pinos

En la memoria colectiva de los costarricenses aún resuena el sonido de la campanilla y el traqueteo de las “cazadoras”, aquellos autobuses de madera que durante casi cinco décadas fueron el principal medio de transporte público en el país. Según documentos históricos, el servicio se inauguró el 15 de mayo de 1921, con un recorrido entre San José y Coronado, en un vehículo propiedad de Agatón Lutz y Juan Revilla.

El nombre “cazadoras” se popularizó por dos razones: la costumbre de los choferes de “cazar” pasajeros en las paradas, y el parecido de sus portaequipajes traseros con las trampas para pájaros. Estos autobuses, con carrocerías de madera y techos forrados en tela impermeable conocida como “manteado”, eran toda una hazaña de la artesanía local, ya que solo se importaba el chasis y la estructura se construía íntegramente en el país.

Empresas como la de los Coronado, especializada en la ruta a Cartago, llegaron a fabricar más de 400 unidades durante la década de 1940, con un costo que podía ascender a decenas de miles de colones, según el libro “Viajando por Costa Rica: La Cazadora”, de Orlando Sandy (2015).

La experiencia de viajar en cazadora era única. A la derecha del conductor había una caja metálica con un mecate de colores que, al tirarse, hacía sonar una campana cada vez que subía o bajaba un pasajero. El “cobrador”, con su delantal lleno de monedas, recorría el pasillo para recibir el pasaje, que rara vez superaba un colón. En trayectos como el de Santo Domingo de Heredia a San José, el precio era de 40 céntimos.

Los viajes podían ser largos y pintorescos. La ruta Puntarenas-San José, por ejemplo, duraba seis horas y media, pasando por poblados como San Ramón, Grecia y Alajuela. Las calles eran de lastre y polvo, y el interior del bus —donde se permitía fumar— podía convertirse en una “humarascal” cuando llovía y se cerraban las ventanas.

Además, era común que los pasajeros llevaran consigo sacos con “el diario” e incluso gallinas amarradas, lo que añadía un toque rural y sonoro al recorrido.

Entre los personajes memorables de la época destacaba “Cazadora”, un popular hombre que imitaba el sonido y los movimientos de estos buses en la carretera entre San José y Cartago, alegrando el día a quienes lo veían.

Hacia finales de los años 60, las cazadoras de madera comenzaron a ser reemplazadas por buses con carrocerías metálicas, marcando el fin de una era que aún hoy despierta nostalgia entre quienes las vivieron.

Fuente: Documento histórico “Las Cazadoras”, con colaboración de Carolina López Cardozo y referencias al libro “Viajando por Costa Rica: La Cazadora” de Orlando Sandy (2015).

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