“Vengo de mi pueblo en donde los hombres huelen a sudor y a tierra, en donde hacemos Patria con la pala y con el machete”.

(De un texto escrito por Pío Luis Acuña)
Hace algunos años, cuando se asomó por primera vez la idea de establecer en Costa Rica una universidad católica, sugerimos que el sitio ideal para construir sus instalaciones, debía ser, sin discusión alguna la noble y apacible ciudad de Tres Ríos, y nuestra visión permanente y viva siempre ha ido más allá: que ese pueblo debe ser la Meca de la mayor parte de los colegios, escuelas y centros de enseñanza en general que para ello reúne las mejores condiciones materiales y culturales.

Tres Ríos tiene un clima ideal, la ciudad está situada a un grito de San José, y no es un problema costoso ni complicado acondicionar debidamente su carretera. Tampoco es difícil obtener que los finqueros cedan terrenos apropiados para el generoso empeño, ya que de hecho sus propiedades valorizarían ventajosamente.
Y sobre estas ventajas materiales hay que subrayar las virtudes intachables y ejemplares de su pueblo. Allí, fuera del núcleo pensante de familias dignísimas encontramos a los trabajadores del campo que poseen un alto sentido cívico, de bondad y de las más puras costumbres.
Tres Ríos ha sido la cuna de hombres superiores como don Manuel Coto Fernández, el gran parlamentario que en el Congreso de entonces, levantaba la voz ronca y pausada, al servicio de los intereses nacionales. Recordamos con emoción profunda a don Joaquín Vargas Coto, el príncipe de los cronistas centroamericanos. A Gonzalo Chacón Trejos, a quien el país nunca le ha rendido los honores merecidos a su talento y a su señorío espiritual.
A don Ramón Céspedes y don Carlos Mora dos meritísimos educadores; a doña Leticia de Céspedes, quien va por la vida sembrando semillas de cultura, de bondad, y a tantos otros ciudadanos que han ennoblecido a su país.
Las calles y avenidas de Tres Ríos debían llevar esos nombres ilustres.
Cerramos esta breve charla con un recuerdo de don Manuel Coto Fernández, a quien un periodista lo había censurado porque se presentaba a las sesiones del Congreso con visible desgarbo en sus ropas.
La respuesta del ilustre hombre fue determinante:
“Vengo de mi pueblo en donde los hombres huelen a sudor y a tierra, en donde hacemos Patria con la pala y con el machete”.