Los jóvenes pilaricos Moisés Vincenzi Pacheco y Carlos Mora Coto fueron sus impulsores

Tres Ríos, jueves 1 de enero de 1914. – Con el amanecer del nuevo año, la comunidad de La Unión y sus alrededores estrenó un vigía de la información y un defensor de sus intereses: El Cóndor, el primer periódico quincenal de la zona, hizo su vuelo inaugural este primero de enero.

Bajo el lema “Vocero del pueblo y para el pueblo”, esta nueva publicación nació con el compromiso de atender los asuntos de interés general, sirviendo como canal para las inquietudes, logros y noticias de la región. Su periodicidad garantizó que, dos veces al mes, las ideas y la información circularán con puntualidad entre sus lectores.
La dirección y administración de este proyecto recayó en dos conocidos vecinos de La Unión, quienes unieron esfuerzos para dar vida a la iniciativa. Moisés Vincenzi Pacheco asumió el rol de Director, siendo el responsable máximo del contenido y la línea editorial. Por su parte, Carlos Mora Coto se encargó de la gestión comercial y operativa como Administrador.
Para todo lo relacionado con el periódico – ya fuera para enviar información, suscripciones o comunicarse con la redacción – los interesados podían dirigirse al Director en San José o directamente a la Redacción establecida en Tres Ríos.

Este primer número, marcado como el No. 1 del Año 1, representó no solo el inicio de una aventura periodística, sino también la materialización de un espacio dedicado a la comunidad.
El Cóndor prometió, desde sus primeras páginas, ser un actor relevante en la vida social y cultural de la región en los albores del siglo XX.
A continuación su primer editorial escrito por Moisés Vincenzi Pacheco Benemérito de la Patria reconocido filósofo y escritor de nuestro país y el educador Carlos Mora Coto intengrante de una reconocida familia de artistas, músicos y educadores del siglo pasado.
EDITORIAL: COMENZAMOS
Perdonadnos, queridos lectores, si siendo demasiado jóvenes y aun con ideas de escasa madurez nos hayamos atrevido a lanzaros la palabra desde esta humilde tribuna; sólo nos guía el afecto a las causas nobles.
Si bien anhelamos trazar nuestro derrotero con líneas bastante cortas, nuestros esbozos quedarán suficientemente marcados, siempre dentro de los linderos del bien.
En la abnegada y talvez ruda tarea del periodismo, ansiamos ceder alto precio a nuestro tiempo, para no derrocharlo con miseria dándole preferencia a las tradicionales gacetillas, a veces inútiles, que si en parte tienden a llenar un blanco de la página y a deleitar en poco al amable lector, nada dejarán de provechoso en su cerebro. Con ese fin hemos querido circunvalarnos de benévolos elementos que con su preciosa cooperación honrarán la causa que sustentamos.
Hemos amado nuestros esfuerzos en esta posible escalbrosa tarea, salvando las dificultades y venciendo todo género de obstáculos que al emprender la carrera se presentan, para poner en manos de nuestros conciudadanos el arma con que puedan defender sus derechos, o la muralla para detener a los contraventores de las libertades; en sus delirios de titánicas opresiones.
Nuestro periódico será el vocero ferviente del pueblo: en el serán muy bien oídos los clamores de los débiles contra los fuertes y daremos escasa importancia a la pretendida escala social o al esclarecido color político. Quedan pues, para «El Condor» fundidos en uno, los matices que en el actual momento desunen al pueblo; todos seremos elementos creados por la Naturaleza para trabajar en común acuerdo de progresiva marcha.
Discutiremos siempre con la ley de la razón, sin penetrar en el campo de la vanidad ni en busca de gloria o merecimiento, porque desde ahora, casi podemos augurar para nuestro empeño, una ruta de asperezas, y no en muy lejano tiempo, nuestra labor será tildada de megalomana; pero jamás cobraremos adulaciones, reclamaremos sólo buena voluntad por parte del público que nos lee y trabajaremos en pro de la justicia.
Empero, cuando para nosotros sea difícil entrar en la contienda defensora del derecho, por la esterilidad de la pluma con que nos dotó el Creador, nuestro brazo no caerá blandido por la idea inconsciente de los aparentemente grandes, de los viles, que acechan la caída del indefenso para posar sobre su cerviz la planta inmunda de su pie.
Caeremos cansados, pero no rendidos; porque tras el campo estéril de nuestra escasa idea, centellean ondulantes las espigas en las fértiles estancias de nuestros muy dignos compañeros de labores, que con su férrea pluma sabrán contraprestar los empujes de quienes intentaren detenernos.
Desde luego las columnas de nuestro vocero quedarán al descubierto para todo bienhechor de la humanidad y con sumo placer daremos al público todas sus buenas ideas.
Recopiló: Leonardo Jiménez Campos
Tuve el honor de conocer a un Gran Pilarico quién siempre veló por difundir su vasto conocimiento, mucho autodidáctico, mucho formal, para hacer crecer intelectualmente a todos los cercanos. Luchó por la creación de un colegio para el Cantón para que los jóvenes pudiesen estudiar sin tener que viajar a Cartago o San José, los que podían, o abandonar los estudios quienes no pudieran costear los gastos.
Fue así que en 1971, con el apoyo del Ministro de Educación, don Guillermo Vargas, y el empuje de los padres se logró abrir EL LICEO DE LA UNION, cuyo nombre se cambió lamentablemente por vanidadades políticas.
Junto con don Moisés, mi abuelito Carlos Mora Coto, dieron vida a un periódico local que círculó en el Cantón de La Unión.