
POR: RAMON MATIAS QUESADA (1941)
Era Presidente de la República don Braulio Carrillo; su gobierno revistió el carácter de dictadura, y los pueblos no estaban contentos. Así la situación fue aprovechada por el General Francisco Morazán, caudillo de la Unión Centroamericana, a quien había hecho fracasar derrotándolo el General Carrera, Presidente de Guatemala.
Morazán invadió a Costa Rica y el descontento existente contra el Gobierno le fue favorable para derrocar el Gobierno de Carrillo. Sucedió esto en abril de 1842. El pueblo costarricense contento por quitarse de encima la dictadura enérgica de Carrillo, recibió con alegría a Morazán. Pero como el propósito de éste era realizar el ideal de la Unión Centroamericana pronto empezó a tomar sus disposiciones para efectuarla.
Además de la reclutación (sic) de soldados impuso contribución forzosa para reunir fondos para la empresa. Pero la índole pacífica del costarricense, su tradicional abstención en los asuntos de otros países y el celo con que defiende sus haberes lo hizo sublevarse, y el General Morazán se vió obligado a huir de San José a Cartago donde fue ocultado por una señora amiga, doña Anacleta Arnesto, mujer varonil, entusiasta partidaria de la unión centroamericana.
Pero los rebeldes lograron capturar al fugitivo, lo condujeron a San José y luego lo fusilaron. Tiempo después se habló de un capital o dinero que el General Morazán tenía dispuesto para la empresa, dinero que se decía llevado en su fuga a Cartago.
Conocida la entereza, entusiasmo y discreción de la señora Arnesto, se supuso que esta señora lo tenía oculto y destinado siempre para el mismo objeto. Doña Anacleta desapareció del escenario de la vida sin haber aludido jamás al referido capital; pronto la imaginación popular se dió a la tarea de señalar sitio donde ese tesoro estaba oculto, y construyendo o reconstruyendo la forma cómo fué ocultado, se dijo que la señora Arnesto, al ocultar al General fugitivo, temerosa de que esos fondos fueran a parar a manos de los sublevados, envió a uno de sus servidores de confianza a que los ocultara en lugar seguro; el fiel servidor halló o ya conocía un escondite apropiado en el cerro de La Carpintera, y allí lo depositó.

La codicia, una de las flaquezas de la condición humana, tocó en el corazón de muchos, quienes recorrieron esos parajes infructuosamente, y probablemente dieron con una gran piedra que sobresale de las malezas y un gran hueco debajo de ella, pero vacío. La mente humana, que casi siempre halla recursos para excusar sus extravíos, les hizo formar la idea de que ya el tesoro había sido extraído, y los supersticiosos lo atribuyen a obra de los espíritus.
Esa piedra cubre a manera de cielo una oquedad de regular profundidad en forma de galería; su entrada está cubierta de malezas, sus paredes lo mismo que en el fondo, son negras, destilan agua por todas partes. Sirve de albergue a centenares de murciélagos y arañas negras de cuerpo diminuto y patas larguísimas, que se estremecen temblorosamente con sólo la corriente de aire. Al penetrar en ella tiene aspecto tétrico. Como se ve, la gruta está rodeada de algo misterioso y se dice que a ciertas horas del día sale de dentro de la gruta un gallito muy pequeño a cantar y luego ocúltase y que el 25 de diciembre, el día de la alegría del mundo cristiano, la gruta se anima y corren por su interior bolas de fuego. Por eso se llama «La Piedra del Encanto»
Fuente: Leyendas de Costa Rica Lizano Vïctor 1941 Recopiló LJC

Lástima que no trae fotos reales.