
La Unión no puede darse el lujo de fallarle otra vez a la Cruz Roja.
La comparecencia del Comité Auxiliar de la Cruz Roja de Tres Ríos ante el Concejo Municipal de La Unión, ocurrida este martes, dejó al descubierto una realidad que durante años se ha intentado ocultar bajo la alfombra de las buenas intenciones: el cantón le ha fallado sistemáticamente a una de las instituciones más nobles y necesarias de la comunidad.
Los números son fríos, pero también son implacables. El comité atendió 3.923 emergencias el año pasado. Recorrió más de 68 mil kilómetros. Atendió lactantes, niños, adultos mayores, víctimas de accidentes de tránsito, personas con condiciones médicas críticas. Lo hizo, y lo sigue haciendo, con 38 voluntarios, dos ambulancias con más de una década de uso —una de ellas actualmente en el taller— y un déficit financiero que ronda los 7 millones de colones.
Y lo más grave: lo hace mientras el Concejo Municipal discute, una vez más, si es viable cumplir un acuerdo que ellos mismos aprobaron hace casi ocho años.
En 2018, el Concejo acordó destinar el 0,75% del presupuesto municipal al comité. Era una medida justa, necesaria y legal. Se aplicó dos años y luego se abandonó. No hubo veto. No hubo una nueva moción que lo sustituyera. Simplemente, se incumplió. Y hoy, en 2026, la Cruz Roja regresa a pedir ayuda con la misma necesidad, con la misma urgencia, con la misma dignidad de quien no pide privilegios, sino los recursos mínimos para seguir salvando vidas.
Es inadmisible que una institución benemérita, reconocida por su labor humanitaria durante más de 140 años en el país y 68 en el cantón, tenga que subsistir a base de bingos y ventas de tamales para pagar la gasolina de las ambulancias. Es indignante que los voluntarios —personas que entregan su tiempo y su integridad física sin esperar nada a cambio— deban operar con una flotilla en condiciones precarias mientras las autoridades municipales piden “más estudios” y “más tiempo”.
La regidora Ginette Varela lo expresó con claridad: “Las buenas intenciones no atienden emergencias”. Tampoco las atendieron en 2024, cuando otra moción para exigir el cumplimiento del acuerdo fue rechazada. Tampoco las atiende hoy un Concejo que, aunque parece dispuesto a ayudar, vuelve a enviar el expediente a la Comisión de Hacienda y a la administración para “valorar la viabilidad”.
¿Cuántos estudios más se necesitan? ¿Cuántas audiencias más? ¿Cuántas ambulancias deben quedar fuera de servicio? ¿Cuántas personas deben esperar, como le ocurrió a un familiar de una regidora, frente a unas instalaciones cerradas porque el único paramédico disponible estaba atendiendo otra emergencia?
La población de La Unión ronda los 115 mil habitantes. Casi la mitad —54 mil personas— pertenece a grupos de especial vulnerabilidad: adultos mayores, niños, personas con discapacidad. Son ellos quienes más requieren de una Cruz Roja fortalecida, no mendigante. Son ellos los que pagan sus impuestos y esperan de este municipio algo más que discursos y buenas voluntades.
La propuesta actual es clara: 90 millones de colones anuales destinados exclusivamente al sostenimiento de planillas. No es un capricho. Es el cálculo del costo operativo que permitiría estabilizar el servicio y garantizar que las dos ambulancias puedan estar en la calle, que los turnos 24/7 sean una realidad sostenible y que los voluntarios tengan el respaldo institucional que merecen.
Y si la letra del acuerdo de 2018 aún tiene vigencia —como lo tiene—, el camino no debería ser complejo. No se trata de inventar nuevas fórmulas. Se trata de cumplir la ley. Se trata de honrar la palabra empeñada por el Concejo Municipal, que es uno solo, más allá de los cambios de administración y de nombres propios.
Este periódico no desconoce las limitaciones presupuestarias del municipio. Nadie pide lo imposible. Pero sí se exige lo justo. Y lo justo es que la Cruz Roja de Tres Ríos deje de ser vista como una organización externa a la que se “apoya” cuando sobra, y pase a ser entendida como lo que es: un brazo operativo fundamental para la salud y la seguridad del cantón.
Lo expresó con crudeza y acierto el regidor Jorge Calvo, quien dio testimonio de haber sido rescatado por esa misma Cruz Roja cuando perdió el conocimiento en su hogar. “Fue una intervención salvadora”, confesó. Hoy, es el cantón el que necesita una intervención salvadora para salvar a quienes nos salvan.
No hay desarrollo posible sin seguridad. No hay seguridad sin una respuesta inmediata ante la emergencia. Y no hay respuesta inmediata sin una Cruz Roja dignamente financiada.
El balón está en la cancha del Concejo Municipal y el Alcalde. La pelota ya lleva ocho años rodando. Es hora de patear al arco. Es hora de aprobar, ejecutar y cumplir.
La deuda con la benemérita no es solo económica. Es moral. Y los intereses se pagan con vidas.