- La placa que el olvido no borra: Tres Ríos y sus soldados invisibles
Bajada: Un monumento olvidado, una lista de nombres sin reconocimiento y la lucha de un historiador por rescatar a los héroes locales de la Guerra Patria.
La Campaña Nacional de 1856-1857 suele reducirse en el imaginario colectivo a la figura de Juan Santamaría y la quema del Mesón de Guerra. Sin embargo, la realidad histórica es mucho más compleja y está llena de matices, nombres olvidados y batallas decisivas que cambiaron el destino de Costa Rica. En una extensa conversación en un programa de “Crónicas de La Unión”, el historiador Dr. Raúl Francisco Arias Sánchez—experto en la guerra contra los filibusteros— desmonta mitos, revela el verdadero perfil de los soldados costarricenses y denuncia la falta de memoria histórica que, a su juicio, mantiene en el abandono a cientos de héroes anónimos, incluyendo a los oriundos de La Unión.
Una guerra de comandos y barcos recuperados
El especialista recuerda que la campaña inició con una misión casi de fuerzas especiales: treinta soldados costarricenses remontaron el río San Juan y capturaron seis barcos que el filibustero William Walker había robado al magnate Cornelius Vanderbilt. Vanderbilt, convertido en enemigo mortal de Walker, decidió apoyar a Costa Rica enviando un marino y un militar experto, Sylvanus Spencer. Fue Spencer quien asesoró al presidente Juan Rafael Mora para tomar el control del río San Juan, arteria clave por donde Walker recibía refuerzos, armamento y dinero desde Estados Unidos.
El 24 de diciembre de 1856, los treinta soldados tomaron por asalto los barcos en Punta Castilla, los llevaron al muelle de San Carlos y permitieron que el general José Joaquín Mora movilizara 1.600 soldados. Así comenzó la campaña del tránsito, que permitió controlar puntos estratégicos como Castillo Viejo, La Trinidad y el Fuerte de San Carlos.
La batalla de Castillo Viejo: 30 contra 400
Una de las gestas más notables ocurrió entre el 15 y el 18 de febrero de 1857: treinta costarricenses custodios del castillo del siglo XVIII resistieron el ataque de cuatrocientos filibusteros. Lograron pedir refuerzos y, cuando llegaron, atacaron por la retaguardia. El coronel Titus y sus hombres huyeron despavoridos, algunos lanzándose al río. Según el historiador, esta fue “la batalla más importante de la guerra”.

Mito y realidad de los soldados
Contra la creencia popular, los soldados costarricenses no iban solo con picos, palas y machetes. El presidente Mora, con visión anticipada, contrató al barón Alexander von Bülow, coronel del ejército prusiano, y a dos capitanes alemanes para entrenar a las tropas en el Parque Central de San José. Además, se compraron en Londres dos mil fusiles Enfield de última tecnología (ánima rayada y bala cónica), cuatro cañones y todo el avituallamiento.
El propio William Walker, en su libro La guerra en Nicaragua, admira la puntería costarricense: “Los ticos mataron a catorce oficiales y más de ciento setenta soldados en Rivas”, escribe Walker. Esto desmiente la versión simplista de un ejército improvisado.
Juan Santamaría: un héroe entre muchos

El historiador afirma que Juan Santamaría no murió en la batalla de Rivas, sino de cólera cuando regresaba a Costa Rica, según el Libro de Muertos del padre Francisco Calvo. Además, el incendio del Mesón de Guerra no fue obra de un solo hombre: al menos dos costarricenses y un nicaragüense participaron en la quema del ángulo sur del edificio. El especialista reconstruyó la batalla en Rivas con arqueólogos, midiendo calles y tiempos, y concluyó que el mesón —de diez mil metros cuadrados— era prácticamente inquemable; solo se produjo una humareda en el techo.
Héroes olvidados y memoria histórica
El investigador lamenta que los gobiernos locales y el Estado no hayan honrado a los verdaderos protagonistas. En Tres Ríos existe una placa en el parque, pero recibe poco mantenimiento. En Curridabat, una placa fue retirada durante una remodelación. En Guadalupe, el presupuesto aprobado para un homenaje se destinó a otra cosa.
“El costarricense tiene un problema grave de memoria histórica —señala—. Celebramos fechas patrias con comidas típicas y trajes, pero no sabemos quiénes fueron los próceres. La independencia real fue el 1.° de julio de 1823, no el 15 de septiembre”.
A su juicio, los intelectuales del siglo XIX (abogados y diplomáticos) construyeron una historia acrítica, y el sistema educativo nunca la corrigió. Propone recuperar la memoria a través de actividades visuales (mapas, 3D, concursos de pintura, ferias comunales) con apoyo de empresas privadas, ante la inacción del Ministerio de Educación.

El perfil de los combatientes y su suerte
La mayoría de los soldados eran pequeños propietarios campesinos que cultivaban café, tenían gallinas y vacas. La convocatoria se hizo por medio de las iglesias, mediante proclamas del obispo Llorente y la Fuente. Los hombres de 15 a 40 años se enlistaban en San José, recibían entrenamiento prusiano y luego marchaban hacia el Pacífico.
Al regreso, el gobierno de Mora otorgó pensiones de guerra a los heridos en batalla y a las familias de los fallecidos, pero no a los muertos de cólera, debido a fraudes y falta de registros. Incluso existieron tres Juan Santamarías (todos de Alajuela) que pidieron y recibieron pensión.
La Campaña Nacional no fue la epopeya de un solo héroe ni la hazaña de campesinos desarmados. Fue una guerra moderna, con estrategia, entrenamiento alemán y fusiles británicos, donde miles de costarricenses —muchos de ellos vecinos de La Unión— arriesgaron su vida. Sin embargo, la indiferencia oficial y una educación anclada en mitos han sepultado sus nombres.

El llamado del historiador es claro: recuperar la memoria a nivel comunal, presionar a las municipalidades para que instalen monumentos y placas, y promover actividades artísticas y académicas que devuelvan a esos soldados anónimos el lugar que merecen en la historia patria. Como él mismo concluye: “No es posible que sigamos celebrando todo con comidas típicas y creer que todo el folclore está en Guanacaste. La guerra del 56 es el capítulo más importante de nuestra historia, y debemos honrar a todos sus héroes”.

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