El más reciente Índice de Competitividad Nacional 2025, presentado por el Consejo de Promoción de la Competitividad, dejó al descubierto una realidad incómoda para el cantón de La Unión. Con una calificación de 59,8 puntos y ubicado en el puesto 19 a nivel nacional, el cantón cartaginés es clasificado como “emergente”. Pero detrás de esa etiqueta técnica se esconde una contradicción que ni los números ni la ciudadanía pueden seguir ignorando.
La Unión es, según el propio informe, un territorio con luces y sombras muy marcadas. Mientras se destaca a nivel nacional por la agilidad de sus trámites municipales (puesto 2), la calidad de su gobierno digital y la cobertura de servicios básicos como agua y electricidad (puesto 20), también arrastra lastres preocupantes: es el cantón número 78 en inversión educativa, el 68 en habilidades técnicas de su fuerza laboral y el 68 en servicios públicos municipales. En otras palabras: es más fácil obtener un permiso de construcción que garantizar una educación técnica de calidad o un sistema eficiente de recolección de residuos.
Una máquina administrativa de primer nivel… con bajo impacto social

El informe es contundente en los aspectos donde La Unión sobresale. La dimensión de Trámites ágiles obtuvo 95,8 puntos, ubicando al cantón como el segundo más eficiente del país. La Municipalidad alcanzó puntajes perfectos (100) en E-Municipalidad, regulación municipal, permisos de construcción y uso de suelo. Obtener una licencia comercial toma, en promedio, solo cinco días.
El acceso a servicios públicos también es una fortaleza: el 97% de los hogares tiene electricidad, el 97% acceso a agua por tubería y el 98% eliminación de basura. La red vial cantonal está en buen estado en un 88%, muy por encima de muchos cantones del país.
Educación: la gran deuda silenciosa
El dato más alarmante del informe no está en los titulares sobre competitividad, sino en las páginas dedicadas a la educación y la formación técnica. La Unión es el séptimo peor cantón del país en inversión educativa (puesto 78 de 82), con apenas 21,1 puntos sobre 100.
La inversión por estudiante en programas de equidad es de solo 32.234 colones (puesto 73); en gastos operativos y mantenimiento, 2.245 colones (puesto 56); y en infraestructura escolar, 73.852 colones (puesto 76). Para ponerlo en perspectiva, otros cantones de similar tamaño poblacional invierten el doble o el triple por estudiante.
Las consecuencias de esta falta de inversión se reflejan en las habilidades técnicas de la fuerza laboral, la peor dimensión del cantón con apenas 13,8 puntos (puesto 68). La tasa de técnicos graduados en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) es de 0,6 por cada 100.000 habitantes. En turismo, 4,0. En inglés, 2,0. En otros campos, 9,3.
El dato de acceso a tecnología en los hogares refuerza esta brecha: solo el 41% de los hogares tiene internet y apenas el 38% cuenta con una computadora. En las escuelas, hay 6,3 estudiantes por computadora en primaria y 3,8 en secundaria, y la red de banda ancha educativa alcanza apenas al 19% de las instituciones.
Salud: el pilar abandonado
Si la educación es preocupante, la salud es crítica. El pilar de Salud obtuvo apenas 40,3 puntos, ubicando a La Unión en el puesto 69 a nivel nacional. La esperanza de vida es de 74 años, inferior al promedio nacional. La tasa de mortalidad infantil se encuentra en la posición 64, y el indicador de nacimientos de madres adolescentes está en la posición 16, lo que sugiere una incidencia relativamente alta de embarazo adolescente en comparación con otros cantones.
Servicios públicos municipales: lo básico que no funciona
Otra paradoja del informe es la dimensión de Servicios públicos municipales, donde La Unión obtiene 33 puntos y ocupa el puesto 68. A pesar de que el acceso a servicios básicos es alto, la calidad e inversión en esos servicios es deficiente.
La cobertura del servicio de aseo de vías y sitios públicos es de apenas el 11%. La inversión en ese rubro es del 1%. En otras palabras, solo una de cada diez calles o espacios públicos recibe limpieza regular, y lo que se invierte es simbólico. La inversión en servicios sociales y complementarios es del 67% (puesto 50) y en servicios educativos, culturales y deportivos del 53% (puesto 58).
Economía: bajo dinamismo y desempleo persistente
El Pilar de Dinamismo de mercados tampoco ofrece buenas noticias. Con 47,8 puntos y el puesto 51, La Unión muestra un PIB per cápita de apenas 4,8 millones de colones por habitante, una cifra baja para un cantón con vocación de servicios.
La tasa de desempleo es del 12,7% (puesto 50) y el desempleo de larga duración alcanza el 6,5% (puesto 64), lo que indica que una parte significativa de la población lleva más de un año sin encontrar trabajo. La brecha de género en empleo es de 7,5 mujeres por cada 10 hombres, reflejando que las mujeres tienen más dificultades para insertarse laboralmente.
El sector de la construcción muestra un crecimiento del 41% en vivienda, pero una caída del 57% en comercio, lo que sugiere un estancamiento en la actividad comercial. Las exportaciones de contenido tecnológico son mínimas (39,7 millones de dólares) en comparación con otros cantones de similar tamaño.
Participación ciudadana: el síntoma de una desconexión
Quizás el indicador más revelador del descontento silencioso es la participación electoral municipal: apenas el 25% de los ciudadanos votó en las últimas elecciones municipales. La participación estructural es del 26%. Es decir, tres de cada cuatro habitantes con derecho a voto decidieron no participar en la definición del gobierno local.
“La gente siente que votar no cambia nada”, resumió un dirigente político. “Ven una Municipalidad eficiente en los papeles, pero que no resuelve los problemas reales. Por eso se quedan en sus casas el día de las elecciones”.
Una oportunidad para cambiar el rumbo
El informe del Consejo de Promoción de la Competitividad no es un veredicto condenatorio, sino una radiografía. Y como toda radiografía, muestra tanto lo que funciona como lo que está enfermo. La Unión tiene activos valiosos: una administración eficiente, una red vial en buen estado, alta cobertura de servicios básicos. Pero esos activos no están siendo utilizados para cerrar las brechas que realmente importan.
El desafío para las autoridades municipales, los diputados locales, las instituciones educativas y de salud, y la ciudadanía organizada es claro: ¿seguir celebrando la eficiencia administrativa como un fin en sí misma, o redirigir esa capacidad de gestión hacia lo esencial?
Mientras la inversión por estudiante siga siendo de las más bajas del país, mientras los técnicos en TIC sean una rareza estadística, mientras las calles permanezcan sin aseo y los puentes se caigan a pedazos, mientras la salud preventiva sea un lujo y el desempleo juvenil una condena, La Unión seguirá siendo un cantón “emergente”. No por falta de capacidades, sino por falta de voluntad para priorizar lo que realmente construye futuro.
La Unión tiene la maquinaria. Lo que falta es ponerla a trabajar para la gente.
FUENTE: Índice de Competitividad Cantonal 2025 (adjunto)
