
Con más de mil videos educativos en su canal de YouTube y una cruzada silenciosa por mejorar la calidad del software en instituciones públicas y privadas, este joven de 33 años se ha convertido en un puente entre el conocimiento técnico y el compromiso social.

Hay personas que entienden el éxito como una acumulación de títulos o de bienes. Para Kevin Fernández Esquivel, ingeniero en informática de 33 años, vecino de Tres Ríos, el verdadero logro se mide por la cantidad de puentes que tiende entre lo que sabe y quienes pueden beneficiarse de ese conocimiento.
Cuando Fernández habla de su trayectoria, no menciona primero sus dos licenciaturas en curso —una en administración de proyectos y otra en calidad— ni su rol como representante de la Asociación de Estudiantes de Informática de la UNED. Prefiere contar la historia de aquella estudiante que atravesaba una crisis de salud mental y que, gracias al acompañamiento de un grupo de jóvenes que él coordinaba, pudo terminar su práctica y obtener su título de técnica.

«Terminamos empoderándonos para que ella no perdiera su año», recuerda Fernández, como si ese fuera su verdadero título universitario.
Un emprendimiento con alma
La vocación de Fernández tiene una semilla familiar. Su hermano gemelo, desarrollador de videojuegos educativos, emprendió con él un proyecto que los llevó hasta Silicon Valley. Pero Kevin tomó esa inspiración y la moldeó con un sello propio.

Al frente de Kawuak Global Network —nombre que combina el inglés con una raíz indígena para significar «red global como familia»—, Fernández asumió el reto de convertir una iniciativa comercial en un vehículo de impacto social. Desde ahí lideró a veinte jóvenes en prácticas profesionales, gestionando entrevistas con instituciones tan diversas como Cruz Roja, bomberos y clínicas odontológicas, para que los muchachos pudieran desarrollar aplicaciones con propósito inclusivo.
«Una empresa debe ir de la mano de lo social», afirma con convicción.

«Todo negocio, público o privado, tiene oportunidad de mejora», dice. «Y por más mínimo que sea, afecta en grande al giro del negocio».
El aula sin paredes
Pero donde la huella de Fernández se vuelve imborrable es en su canal de YouTube. Lo que comenzó como un repositorio desordenado de conocimientos se convirtió en una biblioteca virtual con más de mil videos educativos, traducidos a 19 idiomas, que abarcan desde organización de computadores hasta lengua de señas costarricense (LESCO).

La decisión de volcarse a la creación de contenido no fue casual. Fernández daba tutorías personalizadas a estudiantes del cantón y de otras partes del país, a precios mucho más bajos que los del mercado. Pero se encontró con una realidad incómoda: algunas personas, en lugar de agradecer, menospreciaban el esfuerzo.
«Me di cuenta de que, teniendo contenido en el canal, era más fácil aprovechar el tiempo y llegar a más gente», explica. Así nació un proyecto que hoy supera los mil cien seguidores y que incluye charlas con expertos internacionales, transmitidas en vivo desde Costa Rica para el mundo.

Su ambición va más allá: sueña con un canal patrocinado por municipalidades, que genere ingresos para becas y que sirva como plataforma de pasantías para jóvenes. «Imagínese que los conocimientos queden guardados y accesibles para todos, no como catálogos municipales que nadie vuelve a ver», visualiza.
Calidad con conciencia

En un país donde la calidad del software ha sido tradicionalmente menospreciada, Fernández ha hecho bandera de la mejora continua. Con formación de alto nivel en procesos, ha enviado decenas de informes con recomendaciones a empresas y diversas organizaciones sociales.
«No es necesario estar en un puesto político para hacer grandes cambios a nivel familiar, comunal y de país», sentencia. Y lo demuestra con hechos.

Su currículum, admite, está algo desactualizado. Pero los números hablan por sí solos: más de mil videos, decenas de organizaciones asesoradas ad honorem, jóvenes que encontraron su primer rumbo profesional bajo su tutela.
Sembrar futuro
Cuando se le pregunta de qué logro se siente más orgulloso, Fernández no duda: «El conocimiento que he adquirido para poder ayudar a personas a salir adelante, a conseguir oportunidades de trabajo, a dar esperanzas y dejar en alto el país».
«Durante una conversación con una hija predilecta del cantón, pude visualizar mi camino para alcanzar esa meta. Soñando en grande, ella supo ver el potencial en mí y me brindó su apoyo. Además, me aconsejó acercarme al alcalde para presentarle formalmente todos los proyectos que deseo impulsar con el respaldo de la municipalidad», detalló
Porque Kevin Fernández, a quien algunos llaman «intenso» por la multiplicidad de proyectos que abarca, tiene claro que la única manera de ganarse «los frijoles» y sacar adelante a los suyos es ponerle corazón a cada iniciativa. Ya sea gestionando una alianza internacional, coordinando una charla sobre empleabilidad o simplemente grabando un video más para ese canal que alguien, en algún lugar del mundo, necesitará ver.
«Lo que se ha hecho no es nada comparado con lo que viene», advierte. Y habla de proyectos ambiciosos, de millones de dólares, de eventos que conectarían a América con Europa desde el cantón de La Unión.
Quien lo escucha puede pensar que sueña despierto. Pero quienes lo conocen saben que Kevin Fernández no solo sueña: construye los puentes, graba los videos, escribe los informes y, sobre todo, cree que el conocimiento no vale si no se comparte.
Desde Tres Ríos, con 33 años, dos licenciaturas en curso y un canal de YouTube que no monetiza, este gestor tecnológico sigue tejiendo esa red global que concibió como familia. Porque para él, el éxito no es llegar lejos, sino asegurarse de que muchos puedan llegar también