

En unos días, el próximo 1 de febrero, Costa Rica se enfrenta a una cita ineludible con su propio destino. Las urnas se abrirán no solo para recibir papeletas, sino para recoger la voluntad de un pueblo, la esperanza de un futuro mejor y la reafirmación de nuestra democracia.
Es un momento trascendental, una de esas encrucijadas históricas donde la decisión colectiva marcará el rumbo de los próximos años. Por ello, hoy más que nunca, hacemos un llamado urgente y apasionado a cada ciudadano y ciudadana: ejerza su sufragio.

El voto no es solo un derecho conquistado con esfuerzo; es la herramienta más poderosa y pacífica que tenemos para moldear la sociedad en la que queremos vivir. Es la voz individual que, unida a millones, se convierte en un coro capaz de definir políticas, prioridades y proyectos.
Abstenerse es abdicar de esa potestad, es dejar que otros decidan por nosotros. Cada ausencia en las urnas silencia una perspectiva, un anhelo, una necesidad. En esta elección, donde los desafíos son numerosos y complejos, no podemos permitirnos el lujo del silencio.
Pero tan importante como participar, es cómo lo hacemos. Este proceso electoral debe llevarse a cabo con el mayor fervor cívico y respeto a la diversidad partidaria que nos caracteriza.
Costa Rica es un mosaico de ideas, de propuestas, de visiones. Esa pluralidad es nuestra fortaleza, no nuestra debilidad. En los debates, en las redes sociales, en las conversaciones familiares y en los mismos centros de votación, primemos el argumento sobre el insulto, la propuesta sobre la descalificación, y el respeto sobre la confrontación destructiva.

Rechacemos cualquier intento de dividirnos. Discrepemos con pasión por las ideas, pero con un profundo respeto por la persona y por las instituciones.
A quienes aspiren a dirigir los destinos de la patria, les recordamos que el pueblo no solo les entregará un cargo, les confiará una responsabilidad sagrada: la de ser verdaderos constructores de un mejor futuro.
El país clama por líderes que trasciendan los intereses particulares y los cálculos políticos de corto plazo; que se conviertan en arquitectos de consensos, en gestores honestos y en visionarios capaces de unirnos hacia objetivos comunes. Esperamos de ellos trabajo, integridad y un compromiso inquebrantable con el bienestar de todos los costarricenses.
En un mundo donde a menudo la democracia muestra grietas, Costa Rica tiene una oportunidad de oro para demostrar, una vez más, que es posible elegir con civismo, debatir con altura y respetar el veredicto de las urnas. Seamos, una vez más, ejemplo para el mundo.

El próximo 1 de febrero, vistamos de gala nuestra democracia. Salgamos temprano, caminemos hasta nuestro centro de votación, llevemos a nuestros hijos e hijas para que atestigüen este acto de ciudadanía. Marque su papeleta con convicción y con esperanza. Defendamos, con nuestro voto, la Costa Rica que amamos y construyamos juntos la que soñamos.
¡Viva Costa Rica! Y que viva, fuerte y vibrante, su democracia.