
El cielo como taller: un mural que nació mirando al cerro
Hay pinturas que se construyen con pincel, pigmento y paciencia. Otras, en cambio, exigen algo más: subir la mirada, sostener el cuello en un ángulo incómodo durante horas, y pintar no con los pies en la tierra, sino con la vista fija en el horizonte. Así nació la obra que desde el 18 de marzo de 2026 transformó la concha acústica de Tres Ríos, en un gran mapa cantonal: un mural de casi tres meses de factura donde el artista Luis Guillermo Fournier Soto logró condensar territorio, historia, poesía y comunidad en una sola superficie curva.

La intervención, impulsada por el Departamento de Gestión Cultural de la Municipalidad de La Unión, surgió de un concurso público y de una apuesta poco común en el país: entender el espacio público como lienzo vivo. “Es un programa muy bueno, que hay que reconocer”, dijo Fournier, refiriéndose a la iniciativa municipal que proyecta varias intervenciones artísticas al año. En este caso, la concha acústica —esa estructura de ángulos complejos y curvas generosas— dejó de ser solo escenario para convertirse en un relato visual.

La comisión, el mapa y los oficios del cantón

Para definir la narrativa, se conformó una comisión junto con representantes de cada distrito de La Unión. El acuerdo fue claro: la obra debía representarlos. El eje central sería el mapa del cantón, y sobre él, los emblemas de cada territorio. “San Ramón, la ganadería, la leche; otros el café; Concepción, el mandaguevo; y en Tres Ríos, la antigua iglesia junto a las mascaradas”, detalló Fournier.

El resultado es una composición que no se lee de un solo golpe. A la izquierda, un poema del escritor y filosofo local Moisés Vincenzi Pacheco acompaña la imagen con versos que evocan La Carpintera, los ríos y la flora. Al centro, el mapa; y en la parte superior, un elemento que Fournier considera “lo más curioso”: el contorno del cerro de La Carpintera, dibujado in situ, mientras lo observaba desde el mismo andamio.

“Nunca me había pasado con un mural. Me sentí como en una clase de dibujo de la universidad, viendo el modelo y dibujándolo”, recordó el artista. Llevaba consigo una fotografía que él mismo tomó en 2016, al amanecer, pero la naturaleza le dio una sorpresa: el perfil del cerro había cambiado. “Se ha tupido distinto, por dicha hay mucha vegetación”. Así, sin proponérselo, el mural terminó documentando también un paisaje en transformación.
Hugo Alberto Villalobos Araya fue su asistente
De la familia de artistas a la beca en España
Luis Guillermo Fournier Soto no llegó al mural por azar. Su biografía es, en sí misma, una galería de influencias. Hijo de un músico de la época de Chiqui Chiqui y nieto de un luthier que construía marimbas, creció en una familia que él mismo describe como “la primera compañía profesional de teatro en Costa Rica”, aquella que en 1851 ofreció una función de teatro profesional en Costa Rica en el extinto Teatro Mora .

Formado en el Conservatorio Castella y, más tarde, en la Universidad de Costa Rica, donde estudió escultura —aunque con cuatro años de dibujo y múltiples cursos de pintura—, Fournier encontró en el muralismo una vocación tardía pero intensa. Su carrera despegó con encargos como los puentes a nivel en Paso Ancho para la empresa Meco, y hoy acumula obra pública en Heredia, Guanacaste, y dos murales más en el mismo cantón de La Unión.
Pero su formación también tuvo un capítulo europeo: una beca de la Fundación Antonio Gala en Córdoba, España, donde durante un año compartió con catorce artistas más una mansión del siglo XVI en el casco histórico. Esa experiencia, junto con el apoyo de figuras como Cali Rivera y Rogelio López —este último premio Magón— marcaron su forma de entender el arte como inserción, no como imposición.
El honor de pintar en un parque con banda y feria

Para Fournier, la obra en la concha acústica tiene un significado personal profundo. Durante casi dos años vivió en Tres Ríos, en el taller del artista de Cali Rivera, un programa de mecenazgo que lo vinculó con la comunidad. “He sido muy feliz en Tres Ríos”, confesó. “El parque es el punto de reunión donde ensaya la banda los domingos, donde el sábado se hace la feria del agricultor”.
Esa cercanía marcó también el proceso. Junto a su asistente, Hugo Alberto Araya Villalobos, vecino de la zona, Fournier vivió el mural desde el andamio en medio del ir y venir de los transeúntes. “Todos pasaban y nos piropeaban el trabajo”, recordó. Fue un proceso de tres meses en total: un mes de planificación, varias reuniones con la comisión, y la ejecución que combinó el rigor técnico —pintar hacia arriba, con el cuello en tensión— y la emoción de ver cómo la comunidad se apropiaba de la obra antes de que estuviera terminada.
Un consejo desde el andamio: pintar con los pies en el territorio

Al final de la entrevista, le solicitamos un consejo para las nuevas generaciones de pintores muralistas. Fournier fue enfático: “Siempre trabajen a partir de la referencia local. Al fin y al cabo, es un proceso de inserción. Uno no puede llegar a pintar nada más lo que a uno le gusta. Hay que tener respeto por la comunidad, para que ella misma se vea reflejada”.
Ese principio parece cumplirse cada fin de semana, cuando cientos de vecinos caminan bajo el mapa de su propio cantón. O cada mañana, cuando el sol ilumina la concha acústica y la coqueta Carpintera, ahora pintada sobre sí misma, devuelve la mirada a quienes la observan.

Ficha técnica
- Obra: Mural en concha acústica
- Ubicación: Tres Ríos, cantón de La Unión
- Artista: Luis Guillermo Fournier Soto
- Asistente: Hugo Alberto Villalobos Araya
- Duración del proceso: Tres meses (un mes de planificación, dos de ejecución)
- Fecha de conclusión: 18 de marzo de 2026
- Técnica: Pintura mural sobre estructura curva
- Temática: Mapa del cantón de La Unión, representación de actividades económicas por distrito, poema de Moisés Vincenzi Pacheco, silueta del cerro de La Carpintera.
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