PRIMERA PARTE
Por: Lic. Leonardo Jiménez Campos

Garantizar el abastecimiento de agua potable frente al acelerado crecimiento urbano, comercial e industrial del cantón de La Unión es uno de los desafíos más complejos de la administración local. Para trazar una ruta clara y sostenible, el Acueducto Municipal ejecuta actualmente una profunda transformación estructural guiada por su Plan Maestro con proyección al año 2045, un estudio técnico integral que funciona como la «hoja de ruta» del recurso hídrico en la zona.
Con el propósito de conocer a fondo este diagnóstico, analizar las estrategias para reducir las históricas pérdidas de agua y detallar las millonarias inversiones en infraestructura que se ejecutan en el cantón, conversamos ampliamente con el Ingeniero Christian Richmond, encargado del Acueducto Municipal de La Unión. A continuación, compartimos los pormenores de esta entrevista.
Entrevista: El Plan Maestro y el Estado del Acueducto Municipal de La Unión
Origen y alcance del Plan Maestro
Leonardo Jiménez Campos: ¿En qué consistió el estudio realizado al acueducto municipal?
Ing. Christian Richmond: Sí, prácticamente de cara al desarrollo que está teniendo hoy La Unión, identificamos una serie de requerimientos técnicos. Por lo cual se hizo esa contratación, se hizo a través del Mideplan con fondos de preinversión, el área de fondos de preinversión del Mideplan.
Se tuvo varias reuniones para primero entender la metodología de contratación que aplica Mideplan para este tipo de proyectos. La facilidad técnica al contar este ministerio con un banco de datos de posibles oferentes, consultores de alta gama que tienen que cumplir una serie de requisitos para estar incorporado dentro de este banco de proyectos. Eso nos llamó mucho la atención; el hecho de que en ese momento, cuando se iniciaron las contrataciones, las primeras intenciones, no existía Sicop. Entonces la metodología era un poco comprometida en tanto que quizás la invitación a oferentes a hacer en papel y en aquel momento hasta en fax, no iba a ser tan amplia como lo que nosotros estábamos buscando. Le apuntamos a un entregable de alta calidad ejecutado por una empresa que tuviera respaldo, entonces tocamos la puerta a Mideplan.
Mideplan implementó su metodología de contratación y concretamos la contratación que se buscaba: una radiografía o una fotografía de las condiciones actuales del sistema. Cuánta agua había, qué condiciones hidráulicas había, qué tanques, qué válvulas, qué fuentes, qué tuberías existían y la demanda en ese momento. A partir de ahí se hace una proyección de crecimiento.
Nosotros, aunque en ese momento no estaba contemplado el plan regulador que hoy está vigente, le dijimos a la consultora: «tome esto y haga de cuenta que esto ya está aprobado». Porque el plan regulador que existía en ese momento estaba muy limitado y la proyección de crecimiento del cantón era otra. Entonces, con base en esos datos, se planteó el estudio y se obtuvieron la serie de obras de infraestructura: tuberías, válvulas reguladoras, tanques de almacenamiento y toda una serie de inversiones que hay que hacer de cara a la proyección que va a tener La Unión al 2045. A eso estábamos apuntando. Se dividió en sectores y se identificaron sectores que estaban deficitarios a nivel de lo que se conoce como balance hídrico.
Hallazgos, necesidades técnicas y recurso humano

Leonardo Jiménez Campos:
¿Qué detectó o qué encontró Hidrogeotecnia? ¿Cuál, en qué condiciones estaban las tuberías, en qué condiciones estaban las plantas de tratamiento, en qué condiciones estaba todo el sistema?
Ing. Christian Richmond: Y a otros sectores que necesitaban, que estaban pues si bien es cierto con un superávit, pero requerían mejora. Eso fue lo que identificó.
¿En qué se enfocó el estudio de forma ya puntual? Fuentes de agua, aforos, cantidad de agua disponible, áreas que estaban en riesgo de identificación de zonas de recarga. Con base en eso se hizo un plan de protección al amparo también de un estudio hidrogeológico más amplio y siguiendo la metodología de Senara. En conjunto con el resultado que dio Hidrogeotecnia y este resultado que se avaló por Senara, se hizo todo un plan de identificación de zonas de recarga, zonas de riesgo, etcétera, que fue trasladado a la dirección de desarrollo y control urbano a fin de que se incorporara en el plan regulador. Ese fue uno de los hallazgos.
Otro de los hallazgos era la necesidad de aumento de tubería; tuberías que tenían diámetros que no estaban acorde con la ley, incluyendo la ley de hidrantes. Tuberías de tres cuartos de pulgada, tuberías de una pulgada y tuberías que necesariamente estaban en una condición, digamos, de color rojo que indicaba «cámbiese ya».
Adicional a esto, se identificaron tuberías o zonas que requerían un aumento de almacenamiento. Eran nuevos tanques de almacenamiento a través de un estudio de máximo consumo tanto horario como diario, identificando con qué volúmenes de agua debían de almacenarse, ya fuera a través de una optimización de los tanques o a través de una ampliación de los mismos.
Se identificó también la necesidad de un control meteorológico más adecuado y la sustitución de medidores, por ejemplo. Y en un futuro, porque es una inversión bastante onerosa, la instalación de un sistema SCADA de monitoreo remoto para tener todo mapeado a nivel digital y poder controlarlo; no solo tomar datos, sino también, si se quiere cerrar una válvula, pues cerrarla y listo.
Ese tipo de cosas, y también uno de los insumos muy importantes, fue la necesidad —conforme se fuera desarrollando el proyecto— de más personal humano para poder hacerle frente a todas las obras de infraestructura y elementos que se incorporan. Por ejemplo, se apunta a un ingeniero electromecánico, puesto que muchas de las nuevas fuentes están proyectadas a que sean de agua subterránea a través de pozos profundos. Eso implica sistemas de bombeo, sistemas de control, etcétera, y necesariamente está asociado a un programa de mantenimiento y optimización que requiere un personal dedicado y experto en la materia. También más personal: fontaneros, ayudantes, expertos en tuberías de polietileno de alta densidad, termofusión, electrofusión, etcétera. Así que un insumo muy importante es esa proyección de crecimiento en capital humano, no solo en tecnología e infraestructura, sino en lo que se necesita para poder garantizar la operación de esto.
Agua no contabilizada y programa de control de pérdidas

Leonardo Jiménez Campos: Este documento fue entregado hace casi dos años, estamos hablando del 2024. Uno de los temas que yo he conversado con usted por décadas es el tema del agua no contabilizada. La estimación inicial era del 39.45% (página 30), pero después se hace una fe de erratas y se habla de un 60.55%. Un valor alarmante que duplica el déficit del caudal proyectado al inicio y evidencia pérdidas masivas en el sistema por fugas. ¿Qué solución se plantea o se ha planteado durante estos dos años para adelantar eso que detectó la empresa en su momento?
Ing. Christian Richmond: Por suerte y dicha para esta municipalidad y como operador de agua, hoy cuenta con un programa de control de pérdidas de agua. Nosotros, allá en el año 2017, cuando se hace la auditoría operativa por parte de la Contraloría General de la República, uno de los temas que identificó la Contraloría era la gestión de pérdidas de agua. Ya contábamos con un estudio avanzado por parte del Tecnológico. Este estudio del Tecnológico identificó o planteó el programa de control de pérdidas que hoy se ejecuta en esta municipalidad, estableciendo todos los lineamientos y acciones que se tienen que hacer desde el área comercial para pérdidas aparentes y desde el área operativa para pérdidas reales. Se concretó ese plan, el Tecnológico entregó todo el planteamiento que se tiene que acatar, y se logró establecer un área dentro de la dirección de recursos hídricos que atiende el tema de agua no contabilizada y gestión de pérdidas.
Cuando Hidrogeotecnia identifica eso, sí, en ese momento eran números que estaban haciéndonos un llamado de atención. Se implementó una serie de acciones: cambios de tubería en zonas problemáticas como en San Francisco, que en su momento era regular la atención de fugas. También, no solo el desperdicio enfocado en pérdidas reales (agua que se está desperdiciando por fugas), sino también la necesidad de actualizar el parque de medición. En lo que llamamos pérdidas aparentes, si bien es cierto contábamos en ese tiempo, y hoy también, con más del 99% de los servicios medidos, muchos de esos servicios medidos en el 2017 no estaban marcando lo que tenían que marcar; el aparato no marcaba lo que correspondía. Esos dos componentes —fugas recurrentes en sectores como San Francisco y elementos que no estaban marcando lo que tenían que marcar— provocaban ese incremento en las pérdidas de agua.
Entramos en un proceso de renovación de tubería de más de dos kilómetros de forma anual. Empezamos con una sustitución de medidores; usted recordará aquellas sesiones de Concejo donde conversábamos sobre la compra de medidores en el orden de una inversión de 200 millones de colones anuales para sustituirlos. En esa sustitución tomamos la decisión de migrar la metodología de medición de medidores mecánicos a medidores digitales, que aumentan la precisión y también la vida útil. Ese tipo de acciones nos hizo entrar en un programa riguroso de reducción de pérdidas de agua, y ese porcentaje se fue reduciendo bastante, logrando estar hoy en puntos porcentuales muy bajos. Nos ha permitido ir de a poco alcanzando la meta que nos dicta este Plan Maestro. Hay que llegar sin duda al 30%, no solo porque el plan lo diga, sino también porque el AyA como ente rector plantea ese rango que va entre el 30% y 33% para los operadores a nivel nacional. De cara también a lo que dicta la misma Contraloría, que en ese estudio operativo señalaba la necesidad de reducir esas pérdidas de agua.

Leonardo Jiménez Campos:
¿En qué porcentaje está actualmente el agua no contabilizada?
Ing. Christian Richmond:
Debe estar en menos del 50%. El 50% es el margen nacional e incluso latinoamericano; es alarmante, pero hoy estamos cerca.
Leonardo Jiménez Campos:
No podemos ponernos a pensar en que como a nivel mundial hay un desperdicio… porque considero que es un desperdicio de agua. Lo que tenemos que tratar es de optimizar los acueductos para que sea el mínimo la pérdida del recurso, que es al final el que es más caro. Caro en el sentido de que cada vez hay menos recurso.
Ing. Christian Richmond: Sin duda, sin duda, y lo que tenemos en manos es una gran responsabilidad: garantizar el agua a los de hoy y a los que están en el futuro.
Lo pongo a modo de comparación nada más para tener un rango de la necesidad de optimización no solo de La Unión, sino a nivel de Costa Rica y de los otros operadores; tenemos que pensar en una sola línea de acción. De hecho, de las últimas observaciones, porque el mismo AyA nos toma como ejemplo y nos pide parecer sobre el planteamiento de planes maestros, el plan es establecer una metodología integral para todos los operadores de agua (municipalidades, ESPH, ASADAS o ellos mismos). Esa metodología nos toca la puerta: si ustedes ya hicieron un plan maestro, ¿qué observaciones pueden tener acerca de este documento para que puedan opinar y optimizar la gestión?
Y una de mis observaciones es precisamente esa: no nos veamos como islas dentro del esquema de optimización. Veamos el esquema municipal: independientemente de si tiene agua o no, la municipalidad, como encargada de la gestión del territorio, tiene claro si lo que quiere mejorar son las zonas francas, la parte urbana o la parte agrícola. El municipio conoce, y al conocer, tiene dictado en qué se va a consumir agua. Tiene que haber una articulación para que los operadores que están dentro del cantón planteen una cobertura de abastecimiento tal que permita ese desarrollo. No ver el plan maestro como un plan para cada operador por aparte, sino de forma integral a nivel general. Y ese nivel general establece que, si el tema de pérdidas de agua hoy no se reduce, no se trata de que el AyA esté en el 20% y otros operadores superen el 50%, sino de que se vea de forma integral y que entre todos hagan lo que tengan que hacer para disminuir pérdidas y mejorar el sistema.
Infraestructura y mejoras (Quebrada Vega y red de tuberías)
Leonardo Jiménez Campos: Otro tema detectado, por lo menos que estaba así al 2024, es sobre infraestructura deteriorada. En aquel momento apenas se vislumbraba el tema de la planta Quebrada Vega; actualmente, aparentemente ya se va a empezar en esa inversión, que son 1.000 millones de colones, una gran inversión por parte del acueducto. ¿En qué ha variado el estado de la infraestructura del acueducto con respecto a hace dos años? Solo para ponerle el ejemplo de Quebrada Vega.
Ing. Christian Richmond: Ha mejorado sustancialmente. Continuamos con la sustitución de tubería. Dentro de las últimas inversiones que se hicieron, estuvo la sustitución en lo que yo llamo «calle vieja», este sector de San Juan; con la mejora de la ampliación que hizo el CONAVI, nosotros sustituimos parte de la tubería que generaba problemas por fugas por tubería de polietileno de alta densidad. Se continúa con más de 2 kilómetros de tubería anuales en sustitución en proyectos como acá en el centro de Tres Ríos, en Concepción, en Dulce Nombre, en San Rafael, utilizando la metodología de polietileno de alta densidad. Este material no es PVC pegado ni cementado con campana de hule, sino un tipo de tubería que se termofusiona (como una soldadura en caliente). Tiene muchos beneficios en comparación con el PVC: reducción de fricciones, aumento de la durabilidad, entre otros.
No es solo el hecho del material, sino el cumplimiento con el plan de mejora de tuberías con diámetros superiores a las 10 pulgadas. El año pasado terminamos la primera fase de la instalación de tubería de 300 milímetros de diámetro desde el tanque de Tinoco (por Inciensa) hacia Terramall. En esta semana, entre hoy y el viernes, vamos a reiniciar esa instalación en una segunda fase que va desde Terramall hasta el costado sur de la plaza de deportes de San Diego. Con eso estamos sustituyendo tubería vieja, ampliando las condiciones de abastecimiento en estos sectores y pusimos a operar el tanque de Tinoco con un aumento en el volumen de almacenamiento y una disminución en la presión de operación del sistema, lo que en consecuencia disminuye las pérdidas de agua.
Por poner otro ejemplo: ahorita venimos, aparte de la inversión de Quebrada Vega —que como bien dice, son más de mil millones de colones, cuyos planos ya están aprobados por el Colegio Federado y tasados—, con el inicio de las obras de mejora en la captación. Esperamos que en el plazo de enero de 2027 ya esté esa planta en operación, si todo sale de acuerdo al cronograma de la empresa. Adicional a esto, está la contratación para construir un tanque de 1.000 metros cúbicos en San Rafael para aumentar el volumen de almacenamiento en función de lo que dicta el Plan Maestro. Continuamos con una inversión constante en tuberías en diferentes puntos del cantón y mejora de obras de infraestructura. Eso es lo que ha variado del 2024 a hoy.
Tanques y volumen de almacenamiento

Leonardo Jiménez Campos: Otro de los problemas detectados es sobre tanques de almacenamiento. Existía o existe un déficit del volumen de almacenamiento estimado en aquel momento para el 2045 de 4.694 metros cúbicos. ¿En qué se ha avanzado en cuanto a almacenamiento, don Cristian?
Ing. Christian Richmond: Ya es menos de la mitad de lo que está pendiente. Con la entrada en operación del tanque Santa Rosa (el tanque nuevo de acero vitrificado de 1.500 metros cúbicos en Dulce Nombre), más la puesta en operación del tanque de Tinoco del que hablaba ahorita, y sumando esta construcción del tanque nuevo de 1.000 metros cúbicos en San Rafael, de esos 4.000 metros cúbicos pendientes ya nos queda menos de la mitad. Se ha avanzado mucho. Quedan tanques por hacer identificados en el plan de mejora, pero no están en prioridad uno, sino en prioridad dos o tres, porque se priorizaron los puntos de abastecimiento poblacional más críticos, como estos que le menciono.
Un activo estratégico
El camino trazado por el Plan Maestro del Acueducto de La Unión evidencia que la única respuesta viable ante la crisis del recurso hídrico y el crecimiento acelerado es la planificación, la inversión en infraestructura de acueducto y aplicación técnica rigurosa y a largo plazo.
La ejecución de proyectos de gran envergadura —como la planta de tratamiento Quebrada Vega con una inversión de 1.000 millones de colones, la modernización de la red de tuberías mediante termofusión y la transición tecnológica hacia medidores digitales de alta precisión— refleja un esfuerzo municipal por resarcir el rezago histórico de la red y optimizar los recursos.
No obstante, como bien se extrae de la conversación, el reto de disminuir las pérdidas de agua no contabilizada —actualmente cercanas al 50%— sigue siendo prioritario para alcanzar las metas óptimas nacionales dictadas por el AyA y la Contraloría. El éxito de esta ambiciosa proyección al 2045 dependerá, en última instancia, de la agilidad técnica de la municipalidad para cumplir los cronogramas establecidos y de la capacidad de articular esfuerzos integrales con los demás operadores de la zona, protegiendo las fuentes de agua y asegurando la sostenibilidad ambiental y el desarrollo socioeconómico del cantón para las próximas décadas.
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