El verdadero reto después de las urnas Por: Gerardo Vindas

La campaña política ha llegado a su fin. Hoy el país cuenta con una presidenta electa y con diputadas y diputados que ya no están en tiempo de promesas, sino de hechos. Terminó el discurso fácil, las visitas a las comunidades y los llamados a la “humildad” para pedir el voto. Ahora inicia la etapa más importante: demostrar si realmente llegaron a servirle al pueblo.


Costa Rica observa con atención. El mismo pueblo al que se le habló de sacrificio, de compromiso y de una patria más justa, es el que sostendrá con su trabajo y sus impuestos los salarios de quienes hoy ocupan el poder. Por eso, la pregunta es inevitable: ¿tendrán prioridad los intereses del país o las agendas particulares?, ¿pesará más el bienestar del pueblo humilde o los privilegios de siempre?
El poder no debe entenderse como un beneficio personal ni como una oportunidad para acomodar estructuras que ya han demostrado su desconexión con la realidad nacional. El poder es una responsabilidad, un mandato claro otorgado por la ciudadanía para gobernar con honestidad, sensibilidad social y visión de futuro.


Costa Rica no necesita funcionarios que lleguen a servirse del cargo, sino líderes que entiendan que servir es escuchar, trabajar y rendir cuentas. El país necesita decisiones que fortalezcan a quienes más lo necesitan y que honren la confianza depositada en las urnas.
Hoy el pueblo no aplaude discursos; vigila acciones. El verdadero examen empieza ahora, y la historia juzgará si quienes fueron electos estuvieron a la altura del compromiso asumido con la nación.

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