Equidad y excelencia: sí se puede

Por: Rodrigo Redondo Gómez

Es posible compatibilizar la excelencia con la equidad; el país está lleno de jóvenes talentosos y de adultos mayores que esperan que nos la juguemos por ellos.

El acceso a la educación superior, tal como está planteado hoy, reproduce las inequidades del país. El desigual acceso a colegios de calidad, a los mejores preuniversitarios y al capital social familiar se evidencia cada año en cada proceso de admisión. Estas desigualdades no solo se expresan en el ingreso mismo, sino también en la calidad de la experiencia y en el resultado final. Los estudiantes de origen popular tienden a matricularse en programas de menor calidad, y su probabilidad de graduarse es sustancialmente menor. El resultado de este determinismo socioeconómico es la pérdida constante de talentos año tras año, así como el desperdicio de valiosas oportunidades para avanzar hacia la equidad.

En universidades públicas como la Universidad de Costa Rica (UCR), este problema ha detonado huelgas y largas discusiones. Uno de los atributos más preciados de esta institución es su excelencia académica, docente y de investigación, respaldada por su infraestructura. Debido a que la calidad académica depende de forma directa del perfil de los estudiantes, durante mucho tiempo existió resistencia hacia las iniciativas de equidad en el acceso. Algunos docentes argumentaban que la universidad no era el espacio para hacer “política social”, sino que debía concentrarse exclusivamente en el rigor académico, bajo la premisa de que equidad y excelencia se contradecían.

Sin embargo, este esfuerzo requiere recursos, equipos motivados y profesionales competentes. El camino exige un aprovechamiento óptimo de los fondos y un control estricto del gasto para evitar el despilfarro. Todo esto solo se logrará con diálogo.

(Foto con fines ilustrativos IA)

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