La hipocresía en la era digital: cuando juzgar es más fácil que actuar

Por: Rodrigo Redondo Gómez

Aunque siempre ha sido así, hoy la comunicación virtual nos permite observar mejor cómo la sociedad reacciona con fervor cuando debe comentar o tomar postura frente a casos difíciles. Algunas personas son directas; otras prefieren callar para evitar peleas. Para simplificarlo, una de las palabras más utilizadas para describir al otro es “hipócrita”, “doble cara” o “demagogo”, en todos sus matices y dimensiones.

Considerando que es fundamental conocer el concepto de las palabras antes de usarlas, repasemos el origen: “hipócrita” proviene del latín, derivado del griego, y significa “actor” o “actriz”. Antiguamente no tenía una connotación negativa, pues se limitaba al ámbito teatral. Más tarde comenzó a usarse en la vida cotidiana para designar a alguien falso, de doble cara, que dice una cosa pero hace otra. Su uso se relacionó también con la religión, ya que Jesús empleó esta palabra para definir la forma de vivir y actuar de los fariseos, quienes se consideraban poseedores de las virtudes más perfectas.

Hoy en día, la palabra “hipocresía” podría ocupar un lugar destacado en el ranking de los términos más utilizados. Lo cierto es que su significado se aplica tanto a quienes se adhieren al cristianismo como a quienes no. Un acto teatral también puede corresponder a quien emite el juicio. ¿Cuántos de nosotros nos libramos de decir y no hacer?

La hipocresía se asocia también con fingimiento, doblez, disimulo, mojigatería, comedia, zalamería o lisonja. Todas ellas palabras que pueden estar —o no— en la disputa entre la honestidad y la deshonestidad.

P.D.: Así es, mis amigos.

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