
Por: Gerardo Vindas
A diario escuchamos noticias sobre robos, asesinatos, lavado de activos y otros delitos que golpean a nuestra sociedad. De inmediato surgen los señalamientos: la culpa es del presidente, de la Asamblea Legislativa o del Poder Judicial. Sin restar responsabilidad a las instituciones del Estado, hay una verdad que con frecuencia evitamos enfrentar: muchos de los problemas sociales nacen en el hogar.
La falta de autoridad, liderazgo y valores dentro de la familia tiene consecuencias profundas. Cuando en casa no se inculca el respeto, la responsabilidad y la convivencia sana, difícilmente podemos esperar una sociedad ordenada y solidaria. La familia es, y seguirá siendo, la base de toda sociedad.
Debemos volver a creer en el valor de compartir, convivir y disfrutar tiempo en familia. El ejemplo pesa más que cualquier discurso. Si un hijo crece escuchando a sus propios padres faltar el respeto a quienes velan por nuestra seguridad, como la policía, ¿qué tipo de conducta estamos sembrando? No podemos exigir a otros lo que no fuimos capaces de enseñar en nuestro propio hogar.
No es justo ni responsable trasladar toda la culpa a los gobernantes cuando como padres hemos fallado en nuestra misión formadora. Aún estamos a tiempo de corregir el rumbo, fortalecer los valores y formar ciudadanos conscientes, respetuosos y comprometidos con el bien común.
La construcción de un mejor país comienza en casa, con padres responsables y con el ejemplo diario como principal herramienta de educación.