Amigos del ambiente: “Cuando la ley es un pañuelo y el riesgo, un expediente o un irónico manual de cómo no hacer nada”

Por: El Observador desde Los Pinos

Hace veintitantos años, cuando este problema era apenas un retoño de mala hierba asomando entre los cerros, algún burócrata con ínfulas de urbanista debió decir: “No pasa nada, son solo unas casitas al borde de la quebrada”. Y como nadie pasó la factura, las casitas se hicieron rancho, el rancho se hizo loteo, el loteo se hizo barrio, y el barrio —oh, casualidad— ahora es un deslave esperando su momento de fama.

Hoy, con las lluvias desatadas y el suelo crujiendo como cartón mojado, las autoridades de turno sacan pecho y esgrimen sus argumentos favoritos: la “complejidad institucional, ese comodín burocrático que permite echarle la culpa a la naturaleza, a la municipalidad, al ministerio de ambiente, a la junta de vecinos, al perro del presidente y a la próxima fase lunar. También está el clásico: “el problema creció más rápido que nuestras soluciones”frase que traducida significa: “lo dejamos crecer más de dos décadas porque nos daba pereza y produce votos el regalarles tiempo a los que construían donde no debían”.

Y no olvidemos la joya de la corona: la “ley que nos ata las manos” herramienta de los jerarcas de turno. Ah, la ley. Ese texto sagrado que según ellos les impide actuar, pero que milagrosamente se olvidan cuando hay que aprobar un reajuste de sueldos, dietas o dejar pasar una tras otra construcción en la periferia o en zona protegida. La misma ley que nadie impulsó a modificar cuando el problema era pequeño, porque pequeñito no aparecía en los titulares, y sin titulares no hay foto, y sin foto no hay carrera política.

¿Qué paso entonces? Sencillo: una cadena de omisiones disfrazadas de diagnósticos. Cada gobierno recibe el problema más grande que el anterior, suspira, hace un “inventario de riesgos”, lo guarda en un cajón con llave, y se lo pasa al siguiente como si fuera un testigo maldito en una carrera de poses burocráticas. Y mientras tanto, la maquinaria sigue subiendo cerro arriba, las nacientes y quebradas se contaminan, los bosques nativos caen bajo retroexcavadoras con permiso de nadie, y el ambiente —ese estorbo— durante el periodo de gobierno agoniza lento, con un letrero que dice “Propiedad en riesgo, construya bajo su responsabilidad”, como si el río o el cerro supieran leer y respetar la propiedad privada.

Lo más patético y hasta vomitivo es que los mismos que hoy se rasgan las vestiduras diciendo “esto es inaceptable” son los que hace dos, seis, diez, quince años firmaron los informes que decían “no se detectan daños”. Porque claro, el daño era invisible mientras no se desbordara el cauce o no se partiera una ladera. Así funciona nuestra lógica de gestión: el problema no existe hasta que mata. Y cuando mata, ya es tarde, y entonces toca instalar las mágicas mesas de trabajo que nunca llegan a nada, pedir disculpas, y anunciar que se asignarán recursos “en los próximos seis meses” o un año con sello de nunca…

Señores: ustedes no son víctimas de la burocracia, son sus cómplices. Ustedes no heredaron el problema, lo alimentaron con su silencio e inacción.

Decir que “el problema es de muchas instituciones” es la manera elegante de admitir que ninguna hace su tarea. Decir que “el problema se hizo muy grande” es confesar que cuando era pequeño no les importó. Ustedes son los verdaderos arquitectos y master’s de este desastre. Y cuando el próximo invierno arrastre vidas y viviendas ladera abajo, no miren a la lluvia. Mírense al espejo. Desde ahí partió todo.

Ah, y por si no quedó claro: el ambiente no tiene abogado, pero tiene memoria. Y su expediente está lleno de informes de la CNE archivados, leyes no aplicadas y autoridades que prefirieron hacerse los majes. Hoy no hay plazo ni comité que alcance. Se acabó el tiempo. Y la montaña, cansada de esperar, ya eligió su lado.

Firmado: El Observador desde Los Pinos
Donde el progreso ilegal tiene vista al deslave, y la autoridad, vista al costado.

One thought on “Amigos del ambiente: “Cuando la ley es un pañuelo y el riesgo, un expediente o un irónico manual de cómo no hacer nada”

  1. En 1998, ai cierre del periodo 94/98, el Gibierno Local, planteó una refirma surtancial a la Ley de Planificación Urbana, ante la Asamblea Legislativa, que hoy, practicamente 28 años después, nadie le dio seguimiento, ni el Gobierno Municipal que siguió 98/2002, ni ningún otro menos aun los legislativos.
    De haberse atendido, quizá hoy, se estarían en otras afirmaciones…

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