¡Basta de elitismo cultural! Exijamos que el arte deleite también a nuestros regidores y alcalde

Por: El Observador desde Los Pinos

Por años, los vecinos del distrito central de Tres Ríos hemos vivido en una burbuja de privilegio cultural que debe terminar. Cada fin de semana, mientras el resto del cantón se pierde en un silencio sepulcral y aburrido. Nosotros tenemos la dicha de ser despertados por las dulces y melódicas percusiones de decenas de jóvenes talentos que, fieles a su cita, se congregan en el parque central.

Sí, porque no hay nada que grite «cultura» más fuerte que un redoble de tambor en  la mañana o tarde de un sábado o domingo. Es simplemente mágico cómo esos muchachos, con una disciplina digna de una academia militar, deciden «cultivar el espíritu» justo en un lugar que amplifica el melodioso sonido de quienes buscamos un poco de relax después de una larga semana laboral. ¡Qué maravilla sentir cómo retumba no solo el tímpano, sino el café en la mesa!

Pero, seamos honestos: ¿acaso es justo que solo los residentes del distrito central gocemos de este beneficio? ¿Por qué los vecinos de otros distritos deben seguir durmiendo plácidamente o aburridos sus días domingos? Es un acto de clasismo cultural que debemos erradicar de inmediato.

Por eso, hago un llamado a la conciencia de nuestros queridos representantes municipales y, por supuesto, a nuestro señor alcalde. Propongo una medida audaz, democrática y profundamente solidaria: rotemos las prácticas de tambores por todos los ocho distritos del cantón.

Imaginemos la escena: un sábado por la mañana, frente a la casa del alcalde, una centena de percusionistas descargando todo su arte a todo volumen frente a su hogar. 

Al domingo siguiente, sería el turno de la zona residencial de algún regidor, quienes podrían disfrutar de ese «cultivo del espíritu» desde la comodidad de sus camas, sin necesidad de poner un despertador.

¡Democratizar la cultura significa compartir equitativamente la experiencia sensorial completa! No podemos permitir que el descanso, la paz o la tranquilidad sean un lujo para unos pocos. Hay que llevar el mensaje de la potencia sonora a cada rincón. Que los vecinos de San Juan, de Concepción o Dulce Nombre también sepan lo que es sentirse «cerca del pueblo y su arte«.

Debemos ser justos. Ya basta de acaparar el «privilegio» de tener la acera vibrando cada fin de semana. Llevemos el folclore, la armonía y la tradición a todos los distritos. 

Que el Concejo Municipal apruebe esta moción cuanto antes. Después de todo, el arte no debe tener límites, pero sobre todo, no debe tener oídos cansados que se libren de él.

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