Por: Gerardo Vindas
En medio de la grave crisis de seguridad que enfrenta Costa Rica, resulta preocupante que uno de los principales jerarcas encargados de impartir justicia en el país decida no asistir a una reunión convocada por la presidenta para abordar precisamente este problema nacional.
Rechazó la invitación alegando tener “otro compromiso”. Y es ahí donde nace la gran interrogante del pueblo costarricense: ¿qué asunto puede ser más importante que discutir la seguridad de un país golpeado diariamente por el sicariato, el narcotráfico y la violencia?
Hoy Costa Rica necesita unión entre poderes, voluntad política y compromiso real con los ciudadanos. El país no está para ausencias, excusas ni indiferencia. Mientras miles de familias viven con miedo y la criminalidad avanza, los costarricenses esperan que quienes ocupan los más altos cargos públicos den la cara y asuman su responsabilidad histórica.
No se trata de colores políticos ni de protagonismos. Se trata de salvar un país que clama acciones urgentes. La seguridad nacional debe estar por encima de cualquier agenda personal.
Costa Rica merece respuestas, pero sobre todo merece autoridades dispuestas a sentarse en una mesa y trabajar por el bienestar del pueblo.
