Por: El Observador desde Los Pinos
En el pintoresco cantón de La Unión ha comenzado a gestarse una de las leyendas urbanas más fascinantes del siglo XXI: la existencia de la Policía Municipal. Cuentan los ancianos del lugar —y las notas de prensa oficiales— que entre nosotros camina un pelotón de guardianes del orden dedicados a velar por la seguridad ciudadana.
Sin embargo, tras minuciosas observaciones, avistamientos fallidos y noches de patrullaje solitario, la ciencia comunitaria ha llegado a una conclusión preliminar: la Policía Municipal de La Unión comparte el mismo estado ontológico que el Chupacabras, Pie Grande y el monstruo del Lago Ness.
Bueno, siendo completamente justos con la estadística, no son cero. Hay exactamente un oficial de tránsito. Un héroe solitario que carga sobre sus espaldas el orden vial de un cantón entero. Un auténtico titán de la movilidad que debe sentirse como el último espartano defendiendo el paso de las Termópilas cada vez que intenta regular el tráfico en hora pico.
Lo fascinante de esta mitología institucional no es la ausencia de evidencias materiales, sino la presencia de artefactos rituales. La municipalidad nos deleita con anuncios bombásticos sobre donaciones de motocicletas relucientes y vehículos meticulosamente rotulados con insignias oficiales. Los patrulleros existen, están ahí, inmóviles, como esculturas de arte moderno que simbolizan «la seguridad que pudo ser». Autos con logos, motos sin jinetes, un garaje lleno de expectativas y unas calles desiertas de uniformes.
Por supuesto, este show de magia no es gratuito. Todos los meses, en los recibos municipales, los contribuyentes pagamos religiosamente un rubro dedicado a la «seguridad». Se asume que financia una intrincada red de videovigilancia, un departamento misterioso del cual jamás se ha visto un solo informe estadístico sobre su efectividad operativa contra el hampa. Pero no nos confundamos: las cámaras sí funcionan, y con una precisión casi quirúrgica. Su altísima misión de inteligencia parece estar enfocada en vigilar al vecino «peligroso» que se detiene dos minutos frente a la panadería a comprar el pan, momento en el cual el sistema activa la alerta máxima para avisarle a la empresa contratante y proceder de inmediato a hacerle el parte de tránsito. Toda una prioridad estratégica para la seguridad del cantón.
Es la primera red de seguridad cuántica del mundo: existe en el recibo de cobro y te persigue si vas por un baguette, pero colapsa y desaparece cuando se busca protección en la realidad.
Ante semejante despliegue de ilusionismo, la ciudadanía ha intentado contactar a los grandes maestros de la magia municipal haciendo preguntas terrenales. Sin embargo, la respuesta del gobierno local ante el cuestionario básico de cualquier vecino ha sido un silencio sepulcral, digno de un monasterio de clausura:
- ¿Cuántas plazas de policías existen o se van a crear realmente? Misterio.
- ¿Cuántos efectivos le tocarían a cada distrito? Enigma.
- ¿Cuánto cuesta mantener a cada policía, sus armas, uniformes, radios y patrullas? Secreto de Estado.
- ¿Aparecerá algún día el estudio técnico que indique cuántos oficiales necesita realmente La Unión? Silencio.
- ¿Cuáles serán los requisitos para los aspirantes y para quien aspire a jefear semejante patrullón invisible? Tabú.
Pero la pregunta del millón —literalmente del millón— se remonta a la Contraloría General de la República. El ente contralor rechazó en el presupuesto de 2024 la creación de estas plazas policiales por una razón bastante lógica: la Municipalidad de La Unión no pudo demostrar la sostenibilidad económica en el tiempo para financiar el proyecto. Hoy la duda persiste: ¿qué milagro financiero ocurrió para resolver el veto de la Contraloría?, ¿cuánto va a costar mantener este cuerpo policial al año y de cuál partida presupuestaria van a pellizcar los recursos sin desvestir a otro santo?
Respuestas: cero. Silencio absoluto.
Mientras tanto, los vecinos de La Unión seguiremos pagando nuestra cuota mensual por la fantasía de la seguridad, admirando las fotos de las motos donadas, evitando comprar pan para no ser cazados por las cámaras y saludando con respeto al único oficial de tránsito del cantón. Mientras las autoridades municipales mantengan el silencio como política de comunicación, no nos queda más que asumir la verdad: la Policía Municipal de La Unión es un rotundo éxito… de la ciencia ficción local.

Tomando café todo el día hay en la central de ellos o durmiendo en algún parque.. Porque cuando hay partidos por la plaza la chiceta o eventos hay en l cumunal ni un tráfico de la municipal para que venga a quitar placas y que dejen de parquear hay..
A no PERDÓN TRABAJAN DE LUNES A VIERNES DE 8 A 5 hasta ahora se ve eso
El fracaso de la Policía Municipal de La Unión
El fracaso de la Policía Municipal de La Unión tiene responsables políticos y administrativos que, a mi criterio, deben rendir cuentas por los resultados obtenidos. Considero que la gestión encabezada por Gabriela Torres Álvarez y otros funcionarios involucrados en la dirección del proyecto ha carecido de la planificación y el liderazgo necesarios para consolidar un cuerpo policial sostenible y eficiente.
En mi opinión, el programa Sembremos Seguridad no ha producido los resultados esperados en el cantón, y es indispensable que las autoridades competentes revisen la forma en que se han elaborado y presentado los informes de cumplimiento, verificando que reflejen fielmente la realidad y el uso de los recursos públicos.
Asimismo, considero que la Policía Municipal de La Unión difícilmente alcanzará su objetivo mientras prevalezcan intereses particulares sobre el cumplimiento de la ley, la transparencia y el fortalecimiento institucional.
A ello se suma el impacto económico que enfrenta la Municipalidad debido a los procesos judiciales relacionados con despidos declarados arbitrarios y las eventuales reinstalaciones de funcionarios. Los recursos destinados al pago de indemnizaciones y salarios caídos podrían haberse invertido en fortalecer la seguridad ciudadana mediante la contratación de más oficiales, la adquisición de equipo y la mejora de las condiciones operativas del cuerpo policial.
La ciudadanía merece una Policía Municipal profesional, transparente, eficiente y orientada al servicio público, no una institución debilitada por decisiones administrativas cuestionadas y una gestión que, hasta ahora, no ha respondido a las necesidades del cantón.
A mí me gustaría saber cuál es el oficial de tránsito que hace una gran labor como lo dice el que escribe la crónica?
También recuerden en los enredos que se han visto envueltos desde un principio, q según se ha dicho no son asuntos menores, y de eso, tampoco se sabe nada.
Mientras mes a mes, los «oficiales» existentes reciben me imagino un salario digno pagado por el pueblo. Realmente una tristeza ese tema. Y ahora peor pq tienen a los fiscalizadores de parquímetros caminando todo el santo día, antes cuando no estaban por lo menos salían a mover a la gente q se parquea en línea amarilla.
Este es un muy buen punto para q la próxima administración resuelva, pq lamentablemente la existente con prácticamente 2 períodos, no ha hecho absolutamente NADA.
Ese tránsito que se menciona en el artículo donde está?. Algo que siempre ha llamado la atención es ver los parquimetristas caminando por todo el centro de Tres Ríos, sin embargo a un costado de la Municipalidad y cerca de las paradas de buses de la iglesia está repleto de piratas los cuales nunca se les dice nada, incluso en este espacio que menciono las personas hacen fila para subir a los carros. Definitivamente al parquear en el cantón no existe una igualdad para todos, algunos nos toca comprar el baquett y agregar 300 colones más por día de estacionamiento otros suben y bajan pasajeros sin ninguna problema.