
Por: Crisanto Obadía
Aspirante a ayudante de filósofo
El miedo, como emoción humana fundamental, ha sido históricamente un recurso estratégico en la política. Este artículo examina, desde una perspectiva filosófica, cómo el miedo es utilizado en las campañas políticas para consolidar el poder, manipular a la población y legitimar estructuras de dominación. A través de las contribuciones de Corey Robin, Michel Foucault y otros autores contemporáneos, se analizan las dinámicas del miedo político, sus efectos en la esfera pública y su relación con la seguridad, la legitimidad y la justicia.
El Miedo como herramienta política

El miedo no es solo una emoción individual, sino un fenómeno social y político que ha sido instrumentalizado por gobernantes y elites a lo largo de la historia. Como señala Corey Robin, el miedo político opera como un mecanismo de control que, lejos de ser irracional, responde a estrategias deliberadas de dominación. En las campañas políticas contemporáneas, este recurso se manifiesta en discursos que enfatizan amenazas externas o internas, promoviendo la sumisión y la adhesión acrítica a un líder o proyecto.
Corey Robin: Miedo interno y externo
Robin (2009) distingue entre dos tipos de miedo político:
- Miedo externo: Dirigido hacia un enemigo exterior (ej.: inmigración, terrorismo), que unifica a la comunidad bajo una identidad común y justifica medidas excepcionales.
- Miedo interno: Surge de desigualdades estructurales (económicas, sociales) y es utilizado por las elites para mantener privilegios y desmovilizar resistencias.
En campañas políticas, ambos tipos se articulan para crear un ciclo de dependencia: la elite promete protección contra amenazas externas mientras refuerza su dominio interno mediante la intimidación. «El miedo político sabe jugar tanto con el aspecto moral de la identidad como con el racional» (Robin, 2009: 326). Robin argumenta que este proceso no es democrático, ya que perpetúa jerarquías y anula la autonomía ciudadana.
Michel Foucault: seguridad, población y dispositivos de control
Foucault, en Seguridad, Territorio, Población (2006), aborda el miedo desde la noción de «seguridad». A diferencia de Robin, Foucault no habla explícitamente de «miedo político», pero analiza cómo el Estado moderno gestiona riesgos y crisis para legitimarse.
- Dispositivos de seguridad: Mecanismos que regulan la vida de la población mediante la normalización de amenazas (ej.: crisis económicas, epidemias).
- Biopolítica: El Estado interviene en la vida de los individuos bajo la premisa de protegerlos, utilizando el miedo como justificación para expandir su control.
En campañas políticas, estos dispositivos se traducen en promesas de estabilidad y orden, donde el candidato se presenta como el único capaz de gestionar la incertidumbre. «La función de la seguridad consiste en apoyarse en los detalles, no valorados en sí mismos como bien o mal y tomados en cambio como procesos necesarios e inevitables» (Foucault, 2006: 67).
Emociones en la esfera pública: Hacia una deliberación emocional
Erica Baum (2012) y otros autores, como Martha Nussbaum, rescatan el papel de las emociones en la vida pública. Si bien el miedo puede ser movilizado para fines autoritarios, también puede ser parte de una deliberación democrática cuando se articula con principios éticos como la dignidad humana y la justicia.
- Emociones morales: Ira, compasión o temor pueden ser «razones públicas» para demandar protección de derechos.
- Riesgo de manipulación: En campañas políticas, el miedo puede ser explotado para generar pánico y adhesión acrítica, especialmente mediante medios de comunicación y redes sociales.
Boucheron y Robin: miedo y estética del poder
En El miedo. Historia y usos políticos de una emoción (2016), Patrick Boucheron y Corey Robin discuten cómo el miedo puede ser «administrado» estéticamente. Por ejemplo, en Alegoría del buen y del mal gobierno de Lorenzetti, la belleza artística sirve para representar el poder de manera seductora, generando un «buen miedo» que invita a la sumisión voluntaria. En campañas políticas, esto se refleja en la construcción de imágenes idealizadas de líderes o en la demonización estética de adversarios. «Si el miedo es una reacción involuntaria al poder puro, si someternos al miedo es la única respuesta posible a dicho poder, no podemos ser considerados como moralmente responsables por nuestra capitulación» (Robin, 2009: 326-327).
¿Hacia una Política sin Miedo?
El uso del miedo en campañas políticas no es neutral: consolida estructuras de poder, limita la libertad y distorsiona la deliberación democrática. Frente a esto, es necesario:
- Desnaturalizar el miedo: Cuestionar narrativas alarmistas y exigir transparencia en los discursos políticos.
- Fomentar una ética de las emociones: Como propone Nussbaum, integrar las emociones morales en la esfera pública, pero siempre en diálogo con principios de justicia y derechos humanos.
- Recuperar la agencia ciudadana: Frente a la instrumentalización del miedo, la resistencia radica en la crítica reflexiva y la participación informada.
En última instancia, una democracia saludable no debería depender del miedo, sino de la confianza, la solidaridad y el compromiso con lo público.
Bibliografía
- Baum, E. (2012). El rol de las emociones en la esfera pública.
- Boucheron, P. y Robin, C. (2016). El miedo. Historia y usos políticos de una emoción.
- Foucault, M. (2006). Seguridad, Territorio, Población.
- Robin, C. (2009). El miedo: historia de una idea política.