La Carpintera: 50 años de una responsabilidad compartida

Por Julio Rojas Astorga

A cincuenta años de la declaratoria de la Zona Protectora Cerros de La Carpintera, vale la pena recordar no solo el decreto que le dio origen, sino también el esfuerzo conjunto de instituciones, organizaciones comunales y ciudadanos que hicieron posible su Plan General de Manejo.

El 23 de junio de 1976, Costa Rica tomó una decisión que, con el paso del tiempo, ha demostrado su enorme valor. Ese día se firmó el decreto que declaró los Cerros de La Carpintera como Zona Protectora, una decisión que fue publicada en La Gaceta el 17 de julio de 1976.

En aquellos años no se hablaba de cambio climático ni de sostenibilidad como hoy. Sin embargo, ya existía la conciencia de que había lugares que no podían perderse.

La Carpintera protegía mucho más que un bosque.

Protegía nacientes.

Recargaba acuíferos.

Conservaba suelos.

Refrescaba el clima.

Y brindaba refugio a una gran diversidad de vida silvestre.

Durante muchos años esa protección descansó principalmente en el decreto que le dio origen. Pero el Valle Central siguió creciendo. Las ciudades avanzaron, aumentó la presión urbanística y surgió un nuevo desafío: proteger este patrimonio natural sin dejar de escuchar a quienes viven, trabajan o poseen terrenos dentro de la zona.

Fue así como, en el año 2008, el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) inició la elaboración del Plan General de Manejo de la Zona Protectora Cerros de La Carpintera.

Lo valioso de ese proceso fue que no se construyó desde un escritorio. Se desarrolló mediante un amplio proceso participativo en el que intervinieron instituciones públicas, propietarios, organizaciones comunales, empresa privada y los gobiernos locales.

En ese esfuerzo merece un reconocimiento especial ASMOCICU, organización comunal que el propio Plan de Manejo reconoce por el liderazgo que asumió durante el proceso participativo, facilitando el diálogo y acercando posiciones entre los diferentes actores.

También es justo reconocer la participación de la Municipalidad de La Unión, cuya decidida colaboración en aquel momento fortaleció un proceso que requirió del compromiso de todos los actores.

Después de varios años de trabajo, el Plan fue validado técnicamente el 12 de abril de 2010, aprobado por el Consejo Regional del Área de Conservación el 15 de octubre de 2010, recibió la aprobación definitiva del Consejo Nacional de Áreas de Conservación el 13 de diciembre de 2011 y fue oficializado mediante su publicación en La Gaceta el 18 de mayo de 2012.

Hoy, al cumplirse 50 años de aquella histórica declaratoria, vale la pena recordar que la verdadera fortaleza de La Carpintera no está únicamente en sus bosques, sus nacientes o su biodiversidad.

Su mayor fortaleza ha sido la voluntad de muchas personas e instituciones que, durante décadas, han entendido que proteger este patrimonio natural es una tarea permanente.

Los decretos son importantes.

Los planes de manejo también.

Pero, al final, son las personas quienes les dan vida.

La Carpintera es mucho más que un área protegida.

Es un legado.

Y los legados no pertenecen a una sola generación.

Se reciben con gratitud, se cuidan con responsabilidad y se entregan con orgullo a quienes vendrán después.

Porque conservar La Carpintera nunca ha sido tarea de una sola institución.

Ha sido, y seguirá siendo, una responsabilidad compartida y heredada de generación en generación.

Los primeros cincuenta años ya forman parte de la historia. Los próximos cincuenta dependerán de las decisiones que se tomen hoy. Ese será el verdadero homenaje para quienes, hace medio siglo, tuvieron la visión de proteger La Carpintera.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *