
Por: El Observador desde Los Pinos
Mientras la Municipalidad lanza una hermosa campaña para recordarnos que las paredes antiguas tienen alma, los dueños de esas paredes se preguntan cómo pagar las goteras con puras «historias de vida».
En un esfuerzo loable por rescatar la identidad cultural del cantón, el Departamento de Comunicación de la Municipalidad de La Unión ha puesto en marcha el proyecto «Susurros Antiguos, Historias Eternas». La iniciativa, según explicó el comunicador Ronny Delgado, busca que los vecinos «conozcan, valoren y se apropien de las historias contenidas en la arquitectura».
Una idea preciosa. Poética. Casi cinematográfica.
Lástima que las casas, al igual que los seres humanos, no solo necesitan que les cuenten historias: necesitan que les cambien el techo cuando llueve.

Porque mientras los funcionarios municipales se dedican a desempolvar álbumes familiares y a recopilar anécdotas de los antiguos moradores de las casonas pilaricas, los actuales propietarios de esos inmuebles patrimoniales —alguno de ellos de particulares que tuvieron la «suerte» de heredar una casa con valor cultural— enfrentan una realidad menos romántica: mantener en pie semejantes elefantes arquitectónicos cuesta un ojo de la cara.
La Ley 7555: el «generoso» salvavidas
Eso sí, no digan que la Municipalidad no hace nada. Ellos mismos lo aclaran: los dueños de estos inmuebles pueden acogerse a la exoneración del impuesto sobre bienes inmuebles establecida en la Ley 7555.
¿Se da cuenta, querido lector? Ya no tendrá que pagar ese impuesto. Ahora podrá destinar esos «ahorros» a… bueno, a ver: una restauración de fachada cuesta aproximadamente 15 millones de colones, la exoneración le ahorra unos 80 mil colones al año. A ese ritmo, para cuando haya juntado lo suficiente, su casa patrimonial ya será parte de una campaña arqueológica.
Pero tranquilo, que mientras su casa se cae a pedazos, al menos podrá consolarse sabiendo que su historia será contada en «Susurros Antiguos». Quizás hasta salga en el periódico.

El gran gesto municipal: una casona y dos encalados
Para ser justos, la Municipalidad sí ha invertido en patrimonio. En 2024, «La Casona» —el único inmueble patrimonial que es de ellos— recibió dos encalados y una revisión eléctrica. Todo debidamente documentado en los expedientes SICOP para quien quiera fiscalizar.
¿Y el resto de edificios históricos del cantón? Ah, esos son problema de sus dueños. Que se las arreglen. Que pidan permisos al Centro de Patrimonio, que contraten arquitectos especializados, que importen materiales si hace falta, y que, de paso, sigan pagando el servicio de agua, el de basura, el de parques y todos los demás impuestos municipales sin descuento alguno.
Porque, seamos serios, ¿cómo se le va a ocurrir a un propietario pensar que, ya que su casa embellece el cantón, atrae turismo y le da identidad al lugar, la Municipalidad podría retribuirle con una rebajita en el recibo del agua? Eso sería una locura. Mejor que les paguen con una campaña de comunicación.
La cooperación: el dorado que nunca llega
Además se mencionó, eso sí, que estarán «anuentes a buscar cooperación para tener un registro sustentable, así como poder asegurar las intervenciones hasta el alcance municipal».
Traducción: «A ver si alguien más pone la plata, porque nosotros hacemos lindas historias para Facebook».
Y ojo, que las historias en Facebook son importantes. De verdad. El año pasado el departamento de comunicación ganó el galardón Inés Sánchez de Revuelta por sus campañas ambientales. Un premio merecidísimo. Un gran aplauso de parte nuestra.
La propuesta prohibida: ¿y si dejamos de lado los cuentos y pasamos a los hechos?
Imaginemos por un momento un escenario descabellado, casi revolucionario: que la Municipalidad de La Unión decidiera crear incentivos reales para la conservación del patrimonio. Algo tan radical como, digamos, establecer una reducción en el pago de servicios públicos para quienes mantengan en pie estos inmuebles que, al fin y al cabo, son el rostro del cantón.
Podría ser un descuento en el impuesto de parques, en la recolección de basura, en el servicio de agua potable. Algo que, sin ser una millonada, al menos demuestre que la institución valora el esfuerzo privado de mantener viva la historia arquitectónica.
Podría ser la creación de un fondo concursable —como ellos mismos admiten que no tienen pero podrían gestionar— para apoyar con materiales o asesoría técnica a quienes emprendan restauraciones.
Podría ser, incluso, que el famoso «plan maestro» para la conservación del patrimonio incluyera algo más que zonificación en el plan regulador y el mantenimiento anual de la Casona.
Pero no. Eso sería pedir demasiado. Contentémonos con «Susurros Antiguos, Historias Eternas». Al menos, cuando las casas se derrumben por falta de mantenimiento, tendremos hermosos videos de YouTube recordando cómo eran.
El verdadero patrimonio: el bolsillo del contribuyente
Mientras tanto, en las próximas sesiones del Concejo Municipal, seguramente se aprobarán partidas presupuestarias para cosas urgentes como estudios de factibilidad, diagnósticos participativos y consultorías estratégicas. Y mientras los dueños de las casas patrimoniales sigan pagando recibos municipales completos por el privilegio de conservar la historia con su propio dinero, la campaña «Susurros Antiguos» seguirá recopilando historias de vida.
Porque aquí lo importante no es invertir fondos públicos en restauración, mantenimiento o estímulos a la conservación. Lo importante es que los contribuyentes y personas en general puedan disfrutar de «historias de vida, conocimiento del cantón o entretenimiento».
Que se jodan las paredes. Lo que importa son los susurros.