
Por: El Observador desde Los Pinos
Parece que en la Municipalidad de La Unión el tiempo se detuvo. O más bien, los recursos. El famoso Presupuesto Extraordinario 02-2025, esa joya de la contabilidad creativa, no es más que un cementerio de intenciones pasadas. Casi el 80% de los más de 2.277 millones de colones provienen de lo que no se gastó el año anterior. Es decir, celebramos con bombo y platillo la capacidad de… guardar plata. ¡Bravo!
¿Qué hace un municipio cuando le sobra dinero? Fácil: inventar un “presupuesto extraordinario” para tapar agujeros de ejecución con parches de papel. Asignan millones a “Servicios generales” (¡qué específico!) y reparten transferencias como si fueran dulces en una piñata. Las justificaciones técnicas son tan vagas que hasta un horóscopo da más detalles.
Y no seamos ingenuos: asignar ¢362 millones a “Servicios generales” sin desglose es como darle una tarjeta de crédito sin límite a un adolescente. ¿En qué se gastará? ¿En más estudios de ingeniería? ¿En consultorías? ¿O en pagar la luz de oficinas que, al parecer, solo sirven para archivar presupuestos no ejecutados?
Pero lo mejor es el toque de humor involuntario: mientras el documento habla de “modernización municipal” y “obras resilientes”, la realidad grita que ni siquiera pueden ejecutar lo planeado. ¿Será que en La Unión “planificar” significa “posponer”? Hasta el superávit libre parece más bien un “superávit abandonado”.
Y así, entre transferencias opacas y partidas misteriosas, el ciudadano paga la cuenta de una fiesta a la que nunca fue invitado. Porque al final, como bien decía Adam Smith:
“El gasto público siempre debe ser visto con sospecha, pues rara vez se gasta con la misma prudencia con la que se gastaría el dinero propio.”
Y en La Unión, parece que ni siquiera se gasta.
