
Por: Pedro Soto Sánchez
Dos observaciones en relación con la discusión sobre la asignación de una partida presupuestaria destinada a la compra de vestuario para las autoridades municipales con recursos públicos:
1. De un órgano político y deliberativo como el Concejo Municipal, se espera un análisis riguroso de los asuntos que influyen en el desarrollo de la institución y de la comunidad. El control político, la rendición de cuentas, la exposición clara de los intereses en juego y la confrontación respetuosa de ideas son indispensables para cumplir su función. Deben constituir la norma y no la excepción.
Resulta preocupante escuchar al Presidente del Concejo Municipal afirmar que “el trabajo es para generar acuerdos, no para venir a generar polémica”, y que posteriormente proceda a levantar la sesión. Esa opción limita la posibilidad de discutir con amplitud un tema sensible y, de alguna manera, legitima conductas orientadas a censurar o silenciar a quienes cuestionan, denuncian o solicitan explicaciones.
El Concejo Municipal debe ser un espacio de análisis, deliberación, debate y toma de decisiones. Silenciar las voces críticas nunca puede ser una alternativa válida. El cuestionar, exigir explicaciones o disentir nunca debe considerarse inconveniente. Por el contrario, es el punto de partido para alcanzar importantes acuerdos.
2. La imagen institucional no se construye a partir de la apariencia, sino mediante la calidad del trabajo, la excelencia en los servicios, una visión clara de desarrollo y un liderazgo positivo. Este liderazgo debe ser capaz de comunicar ideas con claridad, respetar las diferencias y fomentar entornos de confianza y participación.
La proyección de la institución no depende de trajes ni de vestimenta elegante, sino de la calidad y solidez de su gestión y de un compromiso con la ciudadanía que vaya más allá de las palabras. (Imagen tomada de Crónicas de La Unión)
